miércoles, 23 de noviembre de 2011

El Pelayo, el acorazado español que aterrorizó a los estados Unidos

23/11/2011
http://www.abc.es/ GUILLERMO D. OLMO

España estaba contra las cuerdas. A punto de perder sus últimas posesiones ultramarinas, a las puertas del «Desastre». Corría el mes de mayo de 1898. Las fuerzas del decadente imperio español combatían con suerte esquiva con las del rampante imperio yanqui. La marina estadounidense se enseñoreaba de las aguas de Cuba y en Cavite, Filipinas, las fuerzas del comodoro George Dewey desarbolaban las defensas hispanas. En tan adversas circunstancias, en el Ministerio de Marina español se ideó un arriesgado plan para tratar de revertir el curso de la guerra: golpear al enemigo en su propio territorio, enviar una flota a bombardear la mismísima costa este de los Estados Unidos.
En Norteamérica la contienda se entendía como camino de expansión, de ampliación del patrimonio. En España los círculos políticos e intelectuales creían que se luchaba por la misma supervivencia de la nación. Cuba y Filipinas no eran propiedades de España, eran parte sustancial de la misma. Lo había expresado el presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, en el Congreso cuando anunció que, en Cuba, España se dejaría «hasta el último hombre, hasta la última peseta». Aún sabiendo que la mermada España de finales del XIX se enfrentaba a un enemigo superior, Cánovas había dicho en 1896: «Si, desgraciadamente, un día el pueblo español creyere que la empresa (…) era superior a su conveniencia (…) yo habría dejado de ser hombre político para siempre jamás (…) acabando aquel día, probablemente, también mi vida personal». Cuba era para los españoles de entonces una cuestión de honor. Así que, imbuidos políticos y opinión pública en Madrid de una especie de espíritu quijotesco, se decidió intentar lo que la historiografía bautizó como «el contragolpe español». Mejor morir que perder la honra.

La única esperanza pasaba por dar un puñetazo en la mesa. Bloqueadas las fuerzas navales en Cuba y debeladas las de Filipinas, el Gobierno decidió jugarse el todo por el todo en una última baza y enviar una escuadra a atacar las mismas ciudades costeras de los Estados Unidos. Sería la del almirante Manuel de la Cámara y Livemoore la encargada de ejecutar tan peligroso cometido.

La misión era de lo más comprometida. Las mejores unidades disponibles de la Armada española tendrían que atravesar las aguas del Atlántico y adentrarse en los dominios del gigante para buscarle las cosquillas en sus propias barbas. Se pretendía obligar a Washington a un repliegue de sus fuerzas y así aliviar la presión sobre Cuba y Filipinas. La idea no era ni mucho menos descabellada. Desde que conoció los propósitos del Estado Mayor español, el Gobierno norteamericano ordenó que se dejaran de iluminar las ciudades de la costa este para dificultar el temido raid hispano. El miedo se apoderó de muchos estadounidenses.
Rumbo a los Estados Unidos zarpó una escuadra en la que formaron destructores de la «Clase Furor», veloces y bien artillados: los buques «Audaz», «Osado» y «Proserpina», que prestarían escolta a los cruceros auxiliares «Patriota» y «Meteoro» y el crucero «Carlos V». Pero la estrella de la flota era el poderoso acorazado «Pelayo», principal motivo para la preocupación de los mandos militares enemigos. El «Pelayo» y el «Carlos V» superaban por sí solos en potencia de fuego y tonelaje a toda la escuadra con la que Dewey combatía en Filipinas.

Las fuerzas de Cámara se dividieron en dos fracciones, una de las cuales debería navegar rumbo a Halifax, en Canadá, donde recibiría las instrucciones para lanzarse al ataque de las costas estadounidenses, con el objetivo preferente de la base naval de West Key. La segunda tendría como destino aguas brasileñas, desde las que se dedicaría a hostigar el tráfico mercante enemigo.

Pero por más que el Gobierno español quisiera en último trance recurrir a lo que le quedaba de músculo naval, lo que nunca pudo superar fue su aislamiento internacional, lo que a la postre dejó el «contragolpe español» en simple amago. Las presiones y trabas de Gran Bretaña, que no deseaba que la contienda se extendiera al Atlántico entorpeciendo la navegación comercial y puso cuantas trabas pudo en los puertos bajo su control o influencia, dieron al traste con el proyecto. Así, antes de que las armas españolas pudieran siquiera asomarse a territorio enemigo, el Gobierno recibió las noticias de la alarmante situación en Filipinas y ordenó redirigir la flota hacia el archipiélago asiático, con la esperanza de forzar unas negociaciones que permitieran conservar al menos una parte del mismo. Pero tampoco en esto se tuvo éxito. El Gobierno egipcio, títere de Londres, no permitió a los buques españoles aprovisionarse de carbón en sus puertos, demostrando de nuevo la total orfandad internacional de la causa hispana en la guerra.

Quedó así truncado cualquier servicio que pudiera prestar el «Pelayo», un navío imponente al que los mandos estadounidenses tenían enorme respeto. El historiador Pablo de Azcárate cuenta en su libro «La guerra del 98» la «gran preocupación» que causaba a Dewey la eventual llegada al escenario filipino de «un buque como el “Pelayo”, superior a todos los que él tenía bajo su mando». La soledad diplomática española impidió que pudiera llegar a tiempo al teatro de operaciones.
La que era la última esperanza española se diluyó antes siquiera de que las armas que la sustentaban pudieran trabar combate, dando sentido a la queja del diputado Francisco Romero Robledo referida a la escuadra del almirante Cervera bloqueada en el puerto de Santiago de Cuba: «Las escuadras son para combatir (…) ¿Para qué nos sirven esas máquinas infernales que tantos sacrificios han costado al país?». No hubo contragolpe para España. Lo único que la historia le tenía deparado a España era el desastre.




miércoles, 16 de noviembre de 2011

La crisis del 29 de España

http://www.abc.es/

david valera 12/11/2011

Los números rojos protagonizan la jornada bursátil. Todos los índices están en caída libre. Ni un solo valor se salva de la debacle. El pánico se apodera de los accionistas que ven como se pierden en unos minutos todo lo invertido. El miedo provoca que el dinero no fluya e intensifica los descensos. El principal indicador de Wall Street, el Dow Jones, se derrumba un 12%.
Es una escena familiar a la vivida en estos días, pero se trata del crack del 29 que se inició un 24 de octubre, el denominado «jueves negro». Fue el comienzo de la peor crisis económica de la historia. Los problemas continuaron en los meses siguientes hasta el punto de que la Bolsa no tocó fondo hasta julio de 1932 y que el parqué de Nueva York no recuperó los niveles anteriores a la crisis hasta 1954. Se destruyeron millones de puestos de trabajo, el paro en EE UU alcanzó el 25%, (hoy en los peores momentos ha rozado el 10%) y unos 2.000 bancos quebraron.
Aunque hace 80 años el mundo estaba mucho menos globalizado que ahora los efectos se dejaron notar en el resto del planeta. En España se reprodujeron problemas parecidos a los de la actualidad: altísimo nivel de paro, endeudamiento familiar, cierre de empresas y elevado déficit del Estado. Todo ello agravado con la falta de una cobertura social que protegiese a los desempleados y una inestabilidad política que vio en una década como se pasaba de una dictadura, a la República y la posterior guerra civil.
España en 1929 era un país agrario con un pobre nivel de industrialización. Había vivido un auge económico durante la década de los «felices veinte», como el resto de sus vecinos, pero el tejido empresarial era demasiado pobre. El primer efecto de la crisis fue la depreciación de la peseta. Pasó de un cambio de 5,85 por dólar en 1928 a 7, 25 en diciembre de 1929. En 1932, el año más dramático, cotizaba a 12,42 respecto al billete verde. Y es que la crisis tardó varios años en tocar fondo.
Las inversiones extranjeras que habían crecido considerablemente y dado retiraron los fondos y dejaron a miles de personas sin trabajo. El Gobierno republicano trató de frenar el alto paro a través de leyes que estimulaban la obra pública y que modernizara al país, como había hecho EE.UU. con el «New Deal». Sin embargo, la caída de las exportaciones y las costosas importaciones provocaron un aumento del déficit que asfixió las arcas del Estado. Del superávit de 30 millones en 1930, las cuentas públicas acumularon una deuda de 595 millones de la época en 1935.
El desempleo aumentó en todos los sectores, pero los más castigados fueron la agricultura y la construcción. Pero el drama era mayor que en la actualidad, ya que los parados no contaban con ningún tipo de subsidio. Las colas a las puertas de organizaciones benéficas o la Iglesia para conseguir algo de comida se multiplicaron. El Gobierno aprobó medidas tan drásticas como la ley de Términos Municipales que prohibía la contratación de trabajadores de otros pueblos mientras hubiese desempleados en el propio municipio. La desolación recorría el país.
A partir de 1935 la situación mejoró levemente, pero la guerra civil truncó las esperanzas de recuperación y junto a la terrible posguerra dejó a España sumida en la más absoluta pobreza.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los 'sapiens' llegaron a Europa Occidental hace 45.000 años

Diente encontrado en el sur de Italia. Nature




La llegada de los humanos modernos a Europa vuelve esta semana a la palestra científica con dos trabajos, publicados en la revista 'Nature', que adelantan unos cuantos milenios su aterrizaje en el oeste del continente. Restos fosilizados, encontrados hace décadas, han sido analizados de nuevo y, según los investigadores, pertenecieron a 'Homo sapiens' de hace entre 40.000 y 45.000 años que vivieron en Italia y al sur de Inglaterra.
Hasta ahora, los fósiles más antiguos de nuestra especie se habían encontrado en Rumanía (Pestera cu Oase), mucho más al este, y tenían menos de 40.000 años de antigüedad. Ahora, el cambio de fecha, si se confirma, supondría que convivieron más años con los neandertales y que tecnologías sofisticadas atribuidas a estos últimos realmente fueron realizadas por nuestra especie. Sin embargo, no todos los expertos están de acuerdo con estas conclusiones.
Uno de los fósiles del estudio, parte de un maxilar superior, fue encontrado en 1927 en la Caverna de Kent, en Inglaterra. Unas pruebas con radiocarbono, realizadas en 1987, los situó hace unos 35.000 años, pero ahora han sido investigados de nuevo en la Universidad de Oxford. En concreto, y dado que la excavación tuvo lugar hace más de 80 años, los investigadores han estudiado ahora fósiles de otros animales de la colección del Museo de Historia Natural de Torquay. Y su conclusión es que el fragmento del maxilar perteneció a un humano moderno que vivió hace unos 43.000 años.
El estudio, cuyo primer firmante es Tom Higham, de Oxford, detecta en las piezas dentales rasgos que también podrían ser de neandertales, pero sus autores consideran que predominan los de 'Homo sapiens', a quien atribuyen unas herramientas de piedra de tecnología Aurignaciense (más avanzada que la musteriense de los neandertales) encontradas en el mismo lugar. "Con ello se demuestra la rápida y amplia dispersión de los humanos modernos por toda Europa hace más de 40.000 años", concluyen.
Los dientes italianos
También en 'Nature' se publica la nueva datación de otros fósiles, en este caso dos dientes de niño encontrados en 1964 en la Grotta de Cavallo, una cueva al sur de Italia. Según sus autores, entre los que se encuentra Michael Coquerelle, colaborador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), este infante también era un humano moderno y vivió hace entre 45.000 y 43.000 años. Hasta ahora se pensaba que eran de un joven neandertal.
Para los estudiosos de estos fósiles, no hay duda de que las herramientas relativamente sofisticadas (de la tecnología uluziense) que hay en esa gruta italiana tampoco fueron fabricadas por los parientes neandertales, sino por antepasados de nuestra especie.
Pese a estas conclusiones, a algunos especialistas europeos no les convencen mucho estos resultados. El paleontólogo Joao Zilhao, actualmente en la Universidad de Barcelona, considera que en el caso de la Caverna de Kent las dataciones no están bien hechas porque no se han tenido en cuenta la historia geológica de Kent. Así lo cree también, según declara a ELMUNDO.es, el actual codirector del yacimiento, Paul B. Pettitt.
En opinión de Zilhao, algunos científicos se niegan a reconocer capacidad simbólica a los neandertales "cuando hace más de 50.000 años, ya se adornaban y pintaban, como demostramos en la Cueva de los Aviones de Cartagena".

miércoles, 19 de octubre de 2011

La 'resurrección' de los celtas

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Rosa M. Tristán 18/10/2011 http://www.elmundo.es/elmundo
Los celtas milenarios 'han resucitado'. Un poblado en Porto do Son (A Coruña) es el asentamiento en el que la productora Explora Films ha dado vida a una cultura que sucumbió bajo las botas de los soldados romanos, pero cuya huella aún es visible en el noroeste de la Península Ibérica y en otras zonas regiones de la costa atlántica. Es 'El legado del celta', una película documental que ya se distribuye en varios países europeos.
Recogiendo los últimos hallazgos arqueológicos en los yacimientos donde se buscan vestigios de este pueblo -y hay 3.200 enclaves conocidos-, el director José Manuel Novoa ha hecho un viaje al pasado en el que se defiende la tesis de que los celtas no invadieron Galicia hace casi 3.000 años, sino que fueron llegando lentamente, desde el centro de Europa, y su lengua, sus costumbres y tradiciones y su religión acabó 'empapando' a los primitivos pobladores de la región.
"Hemos contratado a 350 figurantes de la zonas y viajado también a Portugal, Inglaterra, Escocia y Francia para reflejar la historia desde el Megalítico, hace 8.000 años, hasta la llegada de los romanos: su vida económica, política y social. Y contamos que no era un pueblo de salvajes, sino una civilización avanzada, que tuvo contactos comerciales con el Mediterráneo y que, desde allí, esos avances viajaron por el Atlántico hasta otros países", relata Novoa.
Para ello ha contado con el apoyo del arqueólogo Xurxo Ayán (CSIC), que ha ayudado clarificar el debate en torno a si eran o no celtas los habitantes de los castros gallegos. "En los años 60, los investigadores empezaron a defender que eran galeicos, y no celtas, pero en los últimos 10 años el debate se ha reabierto. Ahora está claro que hace 2.500 años había fuertes nexos culturales entre los castreños y los celtas", argumenta Ayán.
Y, sobre todo, se rompe el tópico de que los habitantes de los castros eran un pueblo monocorde. Muy al contrario, el documento audiovisual refleja su variedad de formas de vestir, de construcciones, incluso de valores económicos. También muestra que hubo rutas comerciales con los cartagineses, que les llevaron sus cerámicas y sus molinos circulares, entre otros progresos.
'El legado del celta' ha sido coproducido con RTVE y Canal Historia y ya se está distribuyendo por todo el mundo, especialmente por Escandinavia, Gran Bretaña y Francia, pero también en Rusia.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Estados Unidos y su corazón de plata española

Capitulación de Cornwallis en Yorktown (John Trumbull. 1820)


http://www.abc.es/20101128/cultura/ JESÚS GARCÍA CALERO
Aveces la verdadera historia se halla oculta dentro de la misma historia, en pequeños trazos, datos dispersos, papeles nimios... hasta que alguien los encuentra y todo cobra otro sentido. Esto ocurre con el apoyo, bastante conocido y estudiado, que la Corona española ofreció a las colonias rebeladas contra Gran Bretaña en América durante la guerra de Independencia (1776 a 1783) que dio origen a EE.UU. Nuevos documentos invitan a una relectura de esta historia que indica que la primera potencia mundial no habría salido adelante sin la ayuda de España, porque la deuda fue astronómica y además porque no devolverla salvó de la quiebra al naciente Estado.
Todo parte de un estudio jurídico presentado por el abogado José María Lancho la pasada semana en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Tras años de investigación en archivos de España y América, ha reunido correspondencia, documentos mercantiles y diplomáticos que le permiten cuantificar esa deuda, por primera vez sin utilizar estimaciones, en más de 3 billones de dólares al cambio actual —con interés compuesto pactado del 5%— (o en más de medio billón de dólares con interés simple). Cifra no definitiva, calculada por Lancho y el auditor Antonio Granero, muy moderada por no incluir pagos directos desde La Habana y tener en cuenta algunas compensaciones.
No está en la intención del investigador que sus hallazgos supongan un ajuste de cuentas entre gobiernos que nos sacaría de la crisis, pero sí que sirva para que EE.UU. valore con nuevos ojos «la aportación hispana a su cultura desde el minuto cero de su historia» y para «derribar leyendas negras que aún se alimentan contra lo hispano allí». Así lo ha comprobado Lancho, por ejemplo, en el juicio contra los cazatesoros de Odyssey, que dio un vuelco gracias a su investigación de las indemnizaciones españolas del XIX.
España no se expuso tanto como Francia en su ayuda a la rebelión americana. El rey francés estaba resuelto a debilitar al inglés hasta la aniquilación, pero España se movió con más cautela ante un problema que podía venírsele en contra en sus propias colonias. Aun así, los nombres de Benjamin Franklin, Baumarchais, John Jay, Jefferson, Carlos III, Floridablanca, Gálvez... permiten entrever un tablero donde jugaban las mejores mentes del siglo.
Franklin llegó a París con la intención de financiar la rebelion. Reunió voluntades y el Tesoro francés acabó sufriendo tal mella que la ayuda contribuyó no poco a extenuar la Hacienda (y por tanto a convocar los Estados Generales). Esto es conocido, pero no lo son tanto los pasos en España de su sucesor, el plenipotenciario John Jay, joven abogado de Nueva York. Con dificultades trató de conseguir lo mismo de la Corte española. Apoyado por el embajador de Francia construyó su propia red de intereses desde Madrid, ciudad en la que nunca se encontró cómodo. Aquí murió una de sus hijas y no consiguió el éxito en la Corte que Franklin lograba en París. Aún así trató con el secretario de Estado, el conde de Floridablanca, otro abogado murciano con el que pudo entenderse, convencido de que había que fortalecer la posición española contra Londres.
Por la puerta de servicio
Pero España trata con él por puertas de servicio, para no ofender a Inglaterra ni provocar el enfrentamiento directo. Jay emite letras y recaba fondos sin dejar rastro. Por eso ha sido hasta ahora tan difícil cuantificar el monto total de una ayuda «sin la que no habría tenido éxito la empresa colectiva cuya consecución ha transformado la historia en los últimos siglos: el nacimiento de EE.UU», según Lancho.
Repasando la importantísima historiografía, a la que debe mucho, y sumando sus aportaciones documentales, el abogado ha rastreado el devenir de la deuda que, en el primer tercio del siglo XX, se daba por pagada, aunque sin remitir a documento alguno. Desde el siglo XVIII los tratadistas afirman que no cabe la prescripción extintiva. Y en su estudio Lancho analiza el devenir del asunto en derecho internacional hasta nuestros días. EE.UU. no la otorga efectividad entre Estados. Por ello mantiene «la posiblidad jurídica de la vigencia de esta deuda».
Lancho ha manejado los listados de materiales enviados por barco desde Bilbao y Cádiz, y desde alguna ciudad europea, a cargo del Real Tesoro. Barcos cargados de uniformes, armas, pertrechos o medicinas que partieron igualmente desde Nueva Orleans y La Habana, y el dinero contante que fue entregado según las pruebas en París, Bilbao, Nueva Orleans así como fuertes sumas a John Jay por letras que emitía él o por encargo del Congreso.
El rastro, meticulosamente perseguido, ha permitido a este abogado demostrar la existencia de algunas partidas, cuantificar cabalmente otras o computar entregas que no eran consideradas ayuda. Documentalmente sostiene que se minimizó la ayuda (España no podía protestar en alto por la discreción con la que camufló este empeño antibritánico). «Los plenipotenciarios americanos en París deliberadamente alteraron las cifras que habían pasado por sus propias manos», afirma. Lancho.
En resumidas cuentas, gracias a la ayuda española los colonos pudieron mantener su lucha hasta la decisiva batalla de Yorktown en 1781, donde aún eran pagados y pertrechados los combatientes franceses (había más que americanos) con pecunio extranjero. Lafayette había escrito a su ministro Vergennes en 1780: «El ejército americano, señor conde, es poco numeroso, está mal vestido, medianamente artillado, y todos estos inconvenientes son debidos a la depreciación del papel».
La plata española valía más: 3,5 millones de pesos. América estaba en quiebra y no podía pagar si pretendía salir adelante, tanto que Kentucky, que entonces englobaba mucho territorio, se planteó abandonar la Unión y —dato poco conocido— incorporarse a la Corona española. Por demás, pagar la deuda significaba alentar a los partidarios del Rey Luis XVI, pronto apresado y con España tratando de rescatarlo por todos los medios, incluso el soborno.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Colón no trajo la sífilis a Europa



Quizás la sífilis no llegó a Europa con las carabelas de Colón. El descubrimiento de unos esqueletos sugiere que la enfermedad ya existía en el continente antes del viaje de Colón al Nuevo Mundo.
Una teoría muy extendida hasta ahora entre los expertos en enfermedades tropicales era que las epidemias de sífilis que estallaron en el último decenio del siglo XV, es decir poco después del primer viaje de Colón a América (1492/3), se debieron al contagio de los hombres que le acompañaron en aquella aventura.
Sin embargo, la mayor excavación de esqueletos llevada a cabo hasta ahora en Gran Bretaña y el posterior examen por los expertos parece indicar que la enfermedad era conocida en este país dos siglos antes del viaje colombino, según informa el diario The Times.
Las muestras estudiadas incluyen el cráneo de un niño de sexo no determinado que heredó de la madre esa enfermedad venérea, un trastorno que le produjo tales lesiones en la cabeza que dejó marcas profundas en la parte izquierda de la frente.
Brian Connell, osteólogo del Museo de Londres que ha estudiado los esqueletos con ayuda del radiocarbono 14, dijo no tener duda alguna de que datan de antes del viaje de Colón.
"Estamos seguros de que Cristóbal Colón no tuvo nada que ver con la aparición de la sífilis en Europa", afirma Connell, que confía totalmente en la datación de esos restos humanos.
Según Connell, anteriores descubrimientos en Europa de huesos con huellas aparentemente sifilíticas no habían permitido llegar a una conclusión tan firme.
"O el análisis efectuado con ayuda del radiocarbono no era lo suficientemente preciso o el diagnóstico (de sífilis) no estaba tan claro. Pero este descubrimiento pone fin a la teoría de que Colón fue quien importó la sífilis", afirma tajante el investigador.
Los siete esqueletos sifilíticos proceden de un hospital en las afueras de Londres, el St Mary Spital: dos de los cuerpos fueron sepultados allí entre 1200 y 1250 y los cinco restantes, entre 1250 y 1400.
Todos están no sólo mejor conservados que los analizados anteriormente sino que junto a ellos se han descubierto otros esqueletos y objetos, entre ellos monedas, que han permitido a los científicos corroborar los resultados de la datación con radiocarbono.
Los huesos indican que las víctimas, que eran probablemente pacientes de ese hospital, sufrieron enormes dolores.
El niño cuyo cráneo se ha podido reconstruir estaba seguramente ciego, calvo y sufría horribles dolores por culpa de su irregular dentadura.
Sus dientes forman un ángulo de 45 grados con respecto a la mandíbula, desfiguración facial que debió de ser muy dolorosa para el pequeño, que tenía unos diez años cuando falleció.
"El cráneo, que debería ser liso, parece en cambio un paisaje lunar. Los síntomas (de la sífilis) son evidentes", explica el experto.
Según Don Walker, otro osteólogo del Museo de Londres, las huellas que aparecen en los huesos indican que las víctimas sufrían la forma venérea de la enfermedad, distinta de otras variantes que no se transmiten sexualmente como la treponematosis endémica o el llamado mal de Pinto o frambesia.
Según Connell, el hecho de que la primera epidemia bien documentada se produjese tras la vuelta de Colón de su primer viaje fue seguramente una pura coincidencia.
"La gente buscaba a alguien a quien echarle la culpa. Los ingleses la llamaron viruela francesa y los holandeses, viruela española. Cada cual culpaba al otro", dice el osteólogo.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Los piojos revelan que la ropa tiene 170.000 años

David Reed, responsable de la investigación. Museo de Historia Natural de Florida



Rosa M. Tristán 11/01/2011 http://www.elmundo.es/elmundo/


Un estudio sobre la evolución de los piojos ha revelado que los humanos modernos comenzaron a vestirse hace unos 170.000 años, luego la costura era una tecnología que conocían desde mucho antes de salir del continente africano para expandirse por el planeta.
La investigación es obra de David Reed, un investigador del Museo de Historia Natural de Florida, especializado en mamíferos. Durante cinco años, analizó secuencias de ADN para calcular cuando comenzaron a divergir genéticamente los parásitos que se hacen fuertes en las cabezas humanas.
Sus conclusiones han sido publicadas en la revista 'Molecular Biology and Evolution', según la web 'Science Daily', donde Reed declara que su objetivo desde el principio era establecer con claridad cuando los humanos comenzaron a usar la ropa. "Como se sabe que los piojos se adaptan muy bien, está claro que los piojos de cuerpo y los de la ropa no se diferenciaron hasta que los humanos se vistieron", apunta el investigador.
Los datos indican que los 'Homo sapiens' comenzaron a usar ropa unos 70.000 años antes de emigrar hasta zonas de clima frío, hacia el norte, lo que comenzaron a hacer hace unos 100.000 años. Hasta ahora era imposible poner fecha a las vestimentas, porque no dejan rastro en los yacimientos.
Todo parece indicar que los humanos comenzaron a vestirse después de perder el pelo corporal, un proceso que comenzó hace un millón de años, lo que significa que pasaron muchísimo tiempo totalmente desnudos: sin ropa ni pelo.
Para Reed es especialmente interesante saber que sobrevivieron en África cientos de miles de años de este modo y que la salida de África coincide con el hecho de que decidieran usar pieles para cubrirse.
Si eligió los piojos es porque otros parásitos se han entrecruzado con diferentes especies durante largos periodos y era más difícil seguir el rastro en ADN. Además, los científicos pueden observar los cambios evolutivos en el anfitrión en función de los que ha habido en los parásitos. De hecho, durante los últimos 20 años estas investigaciones han proporcionado importante información para la medicina, la biología evolutiva o la ecología.
Ni siquiera era éste el primer estudio sobre el tema de la vestimenta basado en los piojos. En 2003, otro trabajo del Instituto Max Planck (Alemania) concluía que su origen se situaba hace unos 107.000 años, si bien ahora se ha mejorado el método de cálculo, retrotrayendo ese origen.
"Los 170.000 años es una fecha mucho más antigua de lo que dice la arqueología pero tiene sentido", señala el australiano Ian dicho Gilligan, "porque significa que los 'sapiens' comenzaron a taparse para mantenerse calientes cuando comenzaron a verse expuestos a los primeros momentos de la Edad de Hielo".
Los 'Homo sapiens' aparecieron hace 200.000 años. Los homínidos arcaicos que habían salido antes de África no dejaron descendientes de sus piojos de la ropa, por lo que no se sabe si hace 800.000 años ya se abrigaban. Lo evidente es que sólo nuestra especie ha sobrevivido hasta el presente.
"Algo que pudo haber facilitado el éxito es que durante cientos de miles de años tuvieron la capacidad de hacer fuegos controlado, nuevas herramientas y también vestir ropas", señala Reed.