miércoles, 13 de abril de 2011

El "placer" de matar de los soldados nazis

EFE / BERLÍN 12/04/2011

abc.es 13-04-2011

El historiador Sönke Neitzel y el psicólogo Harald Wetzer tienen otra mirada sobre los horrores de la Segunda Guerra Mundial: analizan la morbosa fascinación por la confrontación bélica que se apoderó de muchos soldados alemanes. En su nuevo libro, «Soldaten» (Soldados), Neitzel y Wetzer terminan con el mito de que el ejército alemán había tenido un papel respetable en la Segunda Guerra Mundial y de que no había sido cómplice directo de los crímenes del nacionalsocialismo, en contraste con las unidades especiales de las SS.
Ese mito ya se había resquebrajado con la célebre exposición «Vernichtungskrieg. Verbrecher der Wehrmacht» (Guerra de Exterminio. Crímenes del ejército alemán) que recorrió Alemania entre 1995 y 1999, y que en algunas ciudades generó protestas.
Los testimonios de soldados alemanes recogidos en su libro por Nietzel y Wetzer no dejan lugar a dudas de que matar y saquear no les producía ningún problema ético y, además, les generaba placer.
Conversaciones grabadas
Esas declaraciones directas y desgarradas las encontró Neitzel en archivos británicos y estadounidenses a los que accedió cuando efectuaba una investigación sobre la guerra en el Atlántico. Se trata de transcripciones de conversaciones entre soldados alemanes en cautiverio en las que no ocultan el placer que sintieron al matar, y que fueron grabadas sin que lo supieran y con el fin de obtener información militarmente relevante.
«El segundo día de la guerra de Polonia tuve que lanzar bombas sobre una estación en Posen. No me gustó. El segundo día, me dio igual, y al cuarto ya me gustaba», dijo un soldado en una conversación grabada el 30 de abril de 1940. Y agregó: «Nuestra diversión matutina era cazar soldados enemigos a través de los campos con ametralladoras y dejarlos tendidos con un par de balas en la espalda».
Otro, al describir un bombardeo en el que los caballos «saltaron por los aires», dijo que le daban lástima, pero no la gente. «Los caballos me daban lástima, la gente no. Los caballos me dieron lástima hasta el último día», explicó a uno de sus compañeros de cautiverio.
El Holocausto, nada especial
El Holocausto, por contra, aparece con relativa poca frecuencia en esas conversaciones, una circunstancia que los autores del libro atribuyen a que para los soldados no se trataba de algo especial.
Cuando abordan el tema queda claro que están al tanto de lo que ocurría, e incluso uno de los soldados le cuenta a otro como un oficial de las SS lo invitó a presenciar y filmar un fusilamiento masivo de judíos ofreciéndole, que si no tenía tiempo por la mañana, podría organizarle otro por la tarde.
«El exterminio de los judíos forma parte de lo que sabían los soldados y en mayor grado de lo que las últimas investigaciones sobre el tema podían hacer pensar», afirman los autores del libro.
Espontaneidad y sinceridad
La espontaneidad y la sinceridad son el gran valor de estas conversaciones frente a los testimonios directos de soldados que participaron en la Segunda Guerra Mundial, pues generalmente maquillan sus verdaderas sensaciones.
Por su parte, las cartas desde el frente eran una versión de la guerra destinada sólo al consumo familiarque naturalmente ocultaba muchas cosas.
Y las memorias de veteranos de la Segunda Guerra Mundial presentan, por último, el problema de la deformación, a veces involuntaria, de los recuerdos que suele darse con el paso del tiempo, sumada a la necesidad de los autores de presentar una imagen respetable.

martes, 5 de abril de 2011

Las cartas secretas del carnicero de Mauthausen

Imagen del barracón hospital de Mauthausen, donde supuestamente estuvo el médico de las SS Aribert Heim en el año 1941.- AP Heim y su hijo, a la puerta del colegio, en 1961, en una foto inédita

http://www.elpais.com/ JOSÉ MARÍA IRUJO 21/11/2010 Querida Gerda. Tienes que ponerte en contacto con la familia Thyssen para que te confirmen que viví en el verano de 1942 unas semanas o dos o tres meses allí, el tiempo preciso no me acuerdo. Estoy seguro de que los entonces jóvenes que ahora tienen mi edad pueden acordarse... Te deseo mucha salud. Supongo que es lo más importante. Saludos a todos". Aribert Heim, el Carnicero de Mauthausen, escribió esta carta el 15 de octubre de 1982 desde su escondite en El Cairo (Egipto) donde se ocultó 20 años antes. La justicia alemana le acusaba de asesinar a 300 presos con inyecciones de benceno en el corazón durante su paso por el siniestro Revier, la enfermería del campo de concentración donde trabajó como médico de las SS. El nazi quería demostrar que estuvo en Mauthausen en 1941 y no en 1942 como afirmaban algunos testigos. El Doctor Muerte , hijo de un policía y un ama de casa austriacos, fue detenido al terminar la guerra y sometido a un proceso de desnazificación en una mina de sal de los Aliados. En 1947 quedó libre y un año después conoció a Frield, médico perteneciente a una rica familia alemana, y se casó con ella. En 1955 los Heim se instalaron en el palacete de los padres de ella en Baden Baden (Alemania) y ejercieron de ginecólogos. Vivían en paz hasta que años más tarde aparecieron los primeros testigos que le señalaban como uno de los criminales de Mauthausen. La visita de un policía a su villa interesándose por su pasado provocó su fuga en 1962. En aquella época empezaron en Alemania los juicios de Auschwitz. El clan de los Thyssen y la familia de Frield tenían casa en Lugano (Suiza) y, como otros apellidos influyentes, acogieron durante la guerra en sus domicilios a oficiales de las SS. "Entonces era un honor tener alojado a un soldado alemán en tu casa", afirma Rüdiger, el hijo del oficial de las SS, mientras prepara una taza de café en la mansión familiar de Baden Baden, ciudad de 55.000 habitantes donde reside con su madre, una anciana de 88 años. El barón Hans Heinrich, el marido de Tita Cervera, ya fallecido , y sus primos eran probablemente los jóvenes Thyssen a los que se refiere el nazi en su carta. Tenía entonces 21 años. Su tío Fritz financió la llegada de Hitler al poder, aunque años después se enfrentó a él y acabó confinado junto a su esposa en Dachau, Buchewald y en un campo en el Tirol. Goering, antes su amigo, se quedó con su colección de obras de arte, y Fritz terminó condenado en un juicio de desnazificación en Núremberg donde le obligaron a dar el 15% de su fortuna a las víctimas del nazismo. El Doctor Muerte escribió a su familia 21 cartas manuscritas a las que ha tenido acceso EL PAÍS y que han sido entregadas por su hijo Rüdiger al juez Neerforth de Baden Baden que investiga el paradero del criminal y su supuesto fallecimiento en 1992 en Egipto. Un misterio abierto, ya que su cadáver no ha aparecido. "Son otra prueba de que mi padre vivió allí", dice su hijo, que le visitó en secreto y negó hasta hace muy poco conocer su paradero. Gerda, la persona que debía localizar a los Thyssen para que intercedieran por él, era en realidad su hermana Hertak, el familiar que más ayudó al fugitivo, una mujer atractiva y elegante, de vida social trepidante, que se movió en los círculos de la aristocracia alemana y frecuentó la mansión de los Thyssen en Múnich. "Sería suficiente una confirmación, me refiero a la de Von Thyssen porque sería la más fácil ya que tú también viviste allí, y ellos pueden confirmar que estuvimos en el verano de 1942 durante dos o tres meses... Si logras la confirmación de los Thyssen, podría incorporarla en el análisis de mis testimonios y enviarla". Desde 1978 hasta 1985, Aribert Heim dirigió a Hertak la mayoría de sus misivas repletas de claves secretas, frases crípticas, guiños y mensajes en los que pedía dinero, criticaba a veces a su ex mujer e hijos y reclamaba que localizara a testigos o a judíos "no sionistas" para defenderse de "los horribles horrores" que relataron sobre él varios presos de Mauthausen. No hay en ninguna de ellas ni un ápice de autocrítica o arrepentimiento. El Doctor Muerte preparaba sus cartas con la ayuda de un cuaderno comprado en Egipto de color burdeos donde apuntó los nombres en clave de 12 personas para evitar que la policía las identificara si los documentos caían en sus manos. Lyda era en realidad Hilda, su otra hermana; Dora, su ex esposa Frield; Gretl, su hijo pequeño Rüdiger; Rainer, su abogado Steineker; Lattle era Wiesenthal, el cazanazis judío preso en Mauthausen que dirigió su acusación y siguió su rastro hasta su muerte; Carola, una amiga. Las misivas de Heim están escritas con pluma y tinta azul, en una letra pequeña e inclinada hacia la derecha. El médico acusado de extraer los órganos de sus víctimas y colocar sus cráneos como pisapapeles trufaba sus cartas con mensajes filosóficos sobre la vida, la salud y la felicidad: "La lucha de la vida hay que tomarla como un deporte pase lo que pase", "se vive solo una vez y no hay que olvidar el humor...". "Quedarse tranquilo ayuda a la salud, lo más importante en la vida", recomendaba a Hertak cuando se iba a separar de su marido, un mujeriego. Las 21 cartas llegaron a su destino desde El Cairo gracias al sistema de seguridad que ideó el criminal nazi. Iban siempre a la dirección de un pequeño pueblo de Baviera donde vivía un matrimonio de amigos que se trasladaba hasta Fráncfort y las entregaba en mano a Hertak. Esta última respondía desde los países que visitaba para hacer turismo, esquiar o visitar amigos. En la misma carta en la que el SS pidió a su hermana que localizara a los Thyssen, el fugitivo le rogó que contactara con los Bauersachs, otra saga alemana. "Tendrías que visitar a otra familia que conoces en Núremberg. Por supuesto, la vieja pareja habrá muerto, pero su única hija seguirá en la misma villa, en una colina de la periferia llamada Römer Berg (la montaña romana). A lo mejor se ha casado. Puedes encontrar la dirección en una vieja guía de teléfono... La hija se acordará de mí porque sobrevivimos a un bombardeo aéreo sobre Núremberg. Ella tenía mi edad". El 26 de julio de 1979 Heim escribió una larga carta a Lothar Späth, ministro-presidente del land (Estado), en la que criticaba que las autoridades filtraran al semanario Der Spiegel los autos de un tribunal de Berlín. El nazi aseguraba que su estancia en Mauthausen duró siete semanas, entre octubre y noviembre de 1941, y que el proceso para embargarle un edificio de 34 apartamentos que tenía en Berlín se basaba en el testimonio de Otto Kleingünther, quien señaló que el doctor Krebsback dio en la enfermería del campo una orden, en abril o mayo de 1942, para que se pusieran a los presos inyecciones de bencina y se extrajeran órganos internos con o sin anestesia. "No puedo ser responsable de unos hechos que se produjeron en 1942... Los terribles horrores que yo habría hecho a los presos extirpando sus órganos solo pueden salir de la fantasía de un sionista fanático... La autojusticia de Wiesenthal está pagada por el lobby sionista de EE UU", decía. La primera acusación contra Heim la formalizó este tribunal de Berlín, facultado para expropiar a viejos nazis y creado por los Aliados al terminar la Segunda Guerra Mundial. Le multaron con 510.000 marcos alemanes, el valor del edificio que fue embargado, y le acusaron de haber asesinado a 300 presos durante su paso por Mauthausen. A los administradores en ausencia de esta casa el fugitivo les definía en sus cartas como "una banda muy mala tipo Far West". La causa penal contra Heim la dirigió el comisario Aedtner, el sabueso que dedicó su vida a perseguirle. Buscó testigos en todo el mundo; entre ellos intentó localizar sin éxito a nueve ex presos españoles de los 26 que fueron operados por Heim en 1941, según consta en el libro de operaciones de la Cruz Roja. Ocho murieron en Mauthausen y Gusen, campo próximo, y cinco de ellos, en fechas próximas a la intervención. Creía que su testimonio era vital para la acusación. El policía Aedtner localizó a los ex presos Lotter, Hohler, Kauffman, Sommer y Rieger, que describieron los crímenes de Heim sobre los que todavía se sustenta la acusación del nazi más buscado. Los cinco casos que recoge la acusación son estremecedores. El escrito del fiscal es demoledor: "Seleccionó para su liquidación física a presos incapaces de trabajar o enfermos graves. También a presos sanos, jóvenes y judíos para el tratamiento especial. Bajo la cooperación de funcionarios presos (kapos) y otros ayudantes del Revier (enfermería), los anestesió con éter para simular un examen médico. En este estado de indefensión, les aplicó con sus propias manos inyecciones de cloruro de magnesio en el ventrículo del corazón y provocó su muerte inmediata. El número exacto de asesinados no es conocido porque se evitó registrar a las víctimas". Según el fiscal, Heim actuaba por "libre decisión" y sus operaciones "sorprendieron al personal sanitario ya acostumbrado a la inhumanidad". En sus cartas, Heim se describe a sí mismo como una persona diferente del terrible monstruo que retratan sus víctimas, incluso como un benefactor de los judíos y los enfermos a los que atendió después de la guerra. "En nuestro club de hockey Englamann había jugadores judíos, y también el contable fue judío. Yo mismo invité a un estudiante de medicina hebreo, el doctor Robert Braun, en el verano a mi casa... Cuando tenía 10 años tocaba el violín en un concierto de la escuela musical de mi pueblo junto a una alumna judía que tocaba el piano... En la guerra ayudé a conocidos judíos en el límite de lo que me fue posible como demuestra la carta de la doctora Pauline Kachelbacher presentada en el proceso de desnazificación en 1947". En su carta al ministro Späth, el médico de las SS llama ex criminales a los presos que le denunciaron y da una peculiar explicación sobre su fuga: "En 1962 no solo me fui al extranjero por una lesión de columna, sino porque necesitaba probar mi inocencia en caso de un proceso, por los testigos presentados contra mí (ex criminales); también por mis hijos de 6 y 12 años. Su escuela estaba junto a la prisión y el tribunal, lo que habría impedido que siguieran allí si yo me hubiera quedado". Y concluye su misiva presentándose como un benefactor. "He perdido ocho años por la guerra y la prisión al servicio del Estado, después trabajé por una miseria en clínicas y hospitales en turnos nocturnos de ginecología, así que puedo con todo derecho sostener que he practicado cristiandad toda mi vida por el bien del prójimo". Aribert Heim escribió desde su refugio a su amigo judío y compañero de estudios el doctor Robert Braun para que intercediera por él. Lo hizo el 26 de octubre de 1979, y le explicó por qué entró en las SS. "Al principio de 1940 tomé la decisión, tras terminar mis estudios, de ir a las SS porque podía elegir yo mismo la fecha de entrada, y el 17 de abril de 1940 empecé mi servicio". El oficial nazi describió su paso por la clínica de Oranienburg, por el campo de Buchenwal y "al final siete semanas en Mauthausen, como médico de las tropas, pero tuve que trabajar en la enfermería con los presos lo que ahora ha llegado a ser el punto central de mi vida... Después llegaron los testimonios preferentemente por parte de comunistas". El Doctor Muerte relató a su colega los horrores que le atribuían los testigos -extirpaciones de hígados, inyecciones letales en el corazón- y apostilló: "Comprenderás que algo así sin sentido y tan bestial jamás lo habría hecho un médico". En su misiva omitió que otros doctores de las SS perpetraron crímenes similares en Maut- hausen. Heim pidió a Braun que escribiera una carta sobre su etapa universitaria y deportiva (jugó en el equipo nacional de hockey) e incidió en que en 1938 y 1939 nunca le había visto con el uniforme negro de las SS. "A lo mejor tienes relación influyente en círculos judíos, no sionistas, que critican a Wiesenthal y me aconsejan algo que pueda serme útil. Quiero afrontarlo de modo deportivo y no rendirme. No quiero que estas acusaciones destruyan el final de mi vida. Gracias por tu ayuda. Pronto tendrás noticias de mi hermana". Braun envió una carta notarial, aunque años después matizó su apoyo a Heim. Además de los Thyssen, el oficial de las SS pidió a su hermana Hertak que localizara al doctor Rieger, asistente sanitario en la enfermería de Mauthausen y uno de los cinco testigos que le señalaron. Lo hizo en una carta, con fecha de 26 de noviembre de 1979. "No le hagáis una oferta de dinero para no inducirle a un testimonio falso. Es el más decisivo en mi causa, decía cosas positivas, pero también negativas, especialmente las inyecciones, algo para mí totalmente nuevo y que a lo mejor pudo ser practicado después de mi estancia porque en la época de la eutanasia funcionó de manera distinta. Yo llegué a Mauthausen bien instruido desde Oranienburg, donde todo funcionaba normalmente. ¿Cómo podía yo haber hecho eso?", se preguntaba. Las cartas del criminal nazi Heim reflejan, en ocasiones, ácidas críticas a su ex mujer e hijos por su falta de autoestima y tacañería. En especial, una de fecha 14 de agosto de 1982 que dice así: "Pido que me digas si mis cartas de otoño de 1980 han llegado o no porque te has permitido el lujo de no escribirme desde enero de 1980. Pedí también que mi familia me mandara anualmente 6.000 francos, 500 francos mensuales, y si cada miembro pusiera 125 francos cada mes, que no sería demasiado sacrificio, las transferencias anuales serían fáciles y no tendría esta preocupación... He ahorrado dinero toda mi vida para que mis hijos tengan una casa aquí (había comprado un terreno en Alejandría para construir cuatro apartamentos). No creo que sea pedir demasiado si por parte de mi familia recibo algo de lo que ahorré en Alemania". O la misiva del 24 de diciembre de 1982: "No entiendo a la madre de los niños. Debería tener más madurez para activar la autoestima de nuestros hijos y para promover la independencia de alma y espíritu en su entorno. Sería difícil en una situación de pobreza, pero no es el caso. Al revés, la riqueza les ha seducido a vivir de manera privilegiada, ociosa, sin hacer nada. Tú decías que si hubieras sido su madre no les darías ni un céntimo... Me interesa el libro de Arthur Koestler The Thirteenth Tribe porque regalé el que tenía. Mi viejo amigo el húngaro Naghy agradecería veros. Le puedes llamar al número 8593... Feliz Año Nuevo". El libro que reclamó Heim cuestiona el origen de los judíos y asegura que descienden de los kazares, un pueblo del Cáucaso, una tesis que exponía el nazi en sus cartas. En esa carta, el oficial de las SS preparaba la visita que su hermana Hertak le haría poco después en su refugio. El amigo Naghy no era húngaro, sino un egipcio con el que el nazi se había asociado para comprar un terreno en la playa de Alejandría. Su hijo Rüdiger lo había conocido durante las visitas secretas que había hecho a su padre en El Cairo en 1975 y en 1980. En la última, Heim había cambiado su identidad por la de Tarek Farid Husein, se había convertido al islam y trasladado a vivir al hotel Kasr el Madina de El Cairo, propiedad de la familia Doma. "Naghy te esperará. Cuando saludes, lleva un periódico en la mano derecha y así serás más visible. Sé discreta con él y no des detalles. El mejor tiempo es abril, no hay que luchar contra la nieve, el viento y el hielo" (se refería a que en otras fechas en Egipto hacía demasiado calor). La vida de Heim en Egipto es un enigma. En sus misivas no aporta datos de sus actividades. "Lástima que no tengas una distracción que te mantenga ocupada. Yo aquí tengo tantas cosas que me interesan que si el día tuviese 28 horas no sería suficiente para hacer lo que tengo que hacer", explicaba a su hermana Hilda. "Mi padre hacía fotografías a deportistas, leía artículos de medicina, escuchaba la BBC, estudiaba árabe y reparaba las bicicletas de los Doma", asegura su hijo Rüdiger. Las comunicaciones por carta de Heim terminaron en 1985. Desde entonces hasta 1992, fecha de su supuesta muerte, el fugitivo contactó con su hermana y su hijo a través del teléfono de Naghy, su socio egipcio. Cuando murió su hermana Hilda, los policías acudieron al cementerio. Creían que el fugitivo acudiría a despedirla. "Si quiere limpiar su conciencia, llámenos", espetó un agente a la hija de la fallecida en una llamada telefónica. En una reciente declaración judicial, Rüdiger, el hijo menor de Heim, aseguró al juez Neerforth que su padre murió junto a él en el verano de 1992, a los 78 años, en la habitación de su hotel, en el número 414 de la calle Port Said, víctima de un cáncer de colon. Declaró que, a petición de su padre, entregó el cadáver a un hospital para donarlo a la ciencia, pero que años más tarde, al regresar a El Cairo, comprobó que ese deseo no había sido cumplido. Según su versión, no sabe en qué cementerio de anónimos fue enterrado. Rüdiger se negó a facilitar al juzgado una muestra de su propio ADN. La justicia alemana aguarda que las autoridades egipcias respondan a una comisión rogatoria (ayuda judicial) y examina una maleta con documentos que Heim guardaba en el hotel donde vivió en El Cairo. Los Doma, dueños del establecimiento, han corroborado la versión de Rüdiger, pero el cuerpo no aparece y el misterio continúa. "No quieren aceptar que ha muerto", se queja Rüdiger en el jardín de su casa de Baden Baden. La familia Heim, a través de un abogado, ha pedido que se cierre el caso, pero los jueces y la policía no están dispuestos a archivar la causa del nazi más buscado. Hoy tendría 95 años. ............................................

"Le abrió el vientre sin anestesia y sacó el hígado" "Seleccionó para su liquidación física a presos incapaces de trabajar o enfermos graves", dice el escrito de acusación contra Aribert Heim del fiscal Wieser, de Baden Baden (Alemania), fechado el 11 de junio de 1979. Un documento plagado de horrores y de testimonios escalofriantes de testigos que trabajaban en la enfermería de Mauthausen: Lotter, Kaufmann, Kohler y Rieger. La acusación fue redactada cuando el médico de las SS llevaba 17 años huido en Egipto y asegura que, entre el 8 de octubre y el 29 de noviembre de 1941, Heim ejerció como médico oficial de las SS en la enfermería del campo de concentración de Mauthausen, donde "seleccionó a presos sanos, jóvenes y judíos para tratamiento especial tanto en el campo como en la enfermería. Con la colaboración de otros funcionarios presos y ayudantes de la enfermería, los anestesió con éter y cloroformo para simular un examen médico. En este estado de desamparo les aplicó con sus propias manos una inyección de cloruro de magnesio en el ventrículo del corazón que tuvo el efecto esperado de la muerte inmediata de la víctima". "Se desconoce el número exacto de los asesinados porque se evitó un registro de las víctimas... Las víctimas judías fueron holandeses en su mayoría, y su asesinato, decidido por los nazis. La capacidad corporal o una eventual enfermedad durante el trabajo no influyeron en la decisión de matarlos. El acusado habría tomado la decisión de matar presos judíos mediante inyecciones de veneno por libre decisión y bajo exclusión de cualquier obligación". Caso número 1: "Tras la llegada de un transporte de judíos desde Holanda, el acusado eligió dos chicos jóvenes y, después de haber comprobado su dentadura perfecta, les prometió la libertad si se dejaban hacer una pequeña operación inofensiva. Fiándose de que un oficial de las SS sería fiel a su promesa, los citados se dejaron intervenir. En la sala de operaciones de la enfermería, el acusado los anestesió y abrió el tórax y el vientre para sacarles los órganos internos. Cuando la primera víctima, a la que extrajo el corazón, había muerto, hizo lo mismo con la segunda y la asesinó con una inyección letal. Después cortó la cabeza a los dos cadáveres y las quemó en el crematorio del campo para exhibirlas como pieza de exhibición". Caso número 2: "Preso de 35 a 40 años, judío, sano... En la mesa de operaciones, el asistente sanitario colocó al joven. Cuando el preso comprendió cuál era su destino, le dijo al acusado: 'Bueno, asesino de masas, haz lo que tengas que hacer'. El acusado le golpeó con el puño, después le puso la inyección letal en el corazón y abrió el cuerpo para extraer el hígado". Caso número 3: "Un preso judío de Praga se presentó con una hinchazón en la pierna izquierda. El acusado le dijo que le iba a operar. Cuando el hombre desnudo estuvo sobre la mesa de operaciones, le abrió el vientre sin anestesia y sacó el hígado, el intestino y el bazo. La víctima murió sufriendo de modo atroz". Caso número 4: "Un viejo preso judío se presentó en la enfermería con una hernia abdominal. En vez de operar la hernia, le abrió el vientre, hurgando en la cara intestinal y, mortalmente herido, lo asesinó con una inyección letal". Caso número 5: "Un joven judío de 14 años. En la mesa de operaciones se despidió espiritualmente de su madre con las manos en posición de rezo. El acusado le había explicado por qué tenía que morir: 'Los judíos son culpables de la guerra'. Tras un intercambio de palabras, le asesinó con una inyección letal, como a otros presos hebreos que se presentaron allí que fueron igualmente asesinados".

Objetivo principal de los cazanazis Simon Wiesenthal, preso en Mauthausen y perseguidor implacable de Aribert Heim, fue una de las obsesiones del criminal nazi, según se desprende de la lectura de las 21 cartas que envió a su familia desde su refugio secreto en El Cairo (Egipto). El médico de las SS le define como un "sionista fanático" y se queja por la atención que prestan a sus denuncias la justicia y la prensa alemana. En varias de sus misivas, Heim critica al Estado alemán y plantea posturas revisionistas. "El pueblo, el soldado, el hombre común tiene que pagar si en la guerra ha obedecido al Estado", se queja en una de ellas. La caza de Aribert Heim ha sido una de las principales misiones del Centro Simon Wiesenthal y tras la muerte de su fundador, Efraim Zuroff, tomó el relevo en la búsqueda del fugitivo. Heim y otros relevantes nazis desaparecidos son el objetivo de la campaña Última Oportunidad, impulsada por Zuroff. La última pista del cazanazis fue Waltraut Böser, una química de 66 años, posible hija de Heim, nacida de una relación después de casado con una atractiva mujer ya fallecida y enterrada en un cementerio austriaco. En el cuaderno de notas donde el médico de las SS anotó los nombres secretos de las personas con las que se carteó aparecen algunas citas sobre esta relación sentimental. La supuesta hija de Heim se casó con un empresario, tiene tres hijos y reside en Puerto Montt, una ciudad de unos 200.000 habitantes situada a 1.000 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Asegura no haber tenido ninguna relación con su padre. La reciente revelación de que el criminal nazi murió en Egipto en 1992 ha dado un vuelco a la investigación policial y judicial que ahora intenta acreditar su fallecimiento. Zuroff duda del testimonio de Rüdiger, el hijo menor del médico de las SS, que durante años le visitó en secreto y negó conocer su paradero. "Si ha mentido durante tantos años, no deberíamos creerle ahora", sostiene el cazanazis. Colaboró con revistas científicas españolas Aribert Heim recomendó a su hijo pequeño, Rüdiger, que estudiara en España, un país que conocía bien, a juzgar por una carta enviada a este desde su refugio en El Cairo (Egipto), el 31 de diciembre de 1985. El joven había estudiado en Pisa (Italia), pero dejó sus estudios y se instaló en Copenhague en 1979, donde montó un restaurante de éxito. En 1984 dejó Dinamarca y pensó en instalarse en España. "Puedo facilitarte información sobre España y te aconsejo que compres allí una segunda vivienda porque puedes sentirte como en tu casa de verdad a causa de los turistas y por la hospitalidad del país, que sabe también apreciar el dinero. Las relaciones interesantes se hacen con personas de educación académica y por eso podrías estudiar en España para lograr ser apreciado como tal. No olvides los estudios de economía nacional que podrías también hacer en Berlín o en otra parte en caso de que encuentres dificultades en España para que te acepten. En verano podías empezar los estudios aunque solo sea para mejorar el idioma como ya hacías en Italia". Heim conocía España. Cuando se fugó en 1962 salió en coche de su casa en Baden Baden (Alemania), atravesó Francia y recaló en Barcelona, donde permaneció varios días. Frecuentaba el restaurante Los Caracoles, que recomendó a su hijo años después, y paseó por las Ramblas. El médico de las SS tuvo contactos profesionales durante su época de ginecólogo con el doctor español V. Salvatierra, profesor adjunto de la cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de Valencia, según se desprende de un tarjetón de agradecimiento enviado por este último en julio de 1954. Al parecer, Heim colaboró entonces con revistas científicas españolas. La carta del fugitivo a su hijo terminaba con consejos muy personales: "Lleva una vida higiénica, y en nuevos encuentros utiliza un preservativo porque el sida puede ser transmitido por todos. Mejor una buena cena que una alianza incierta. Buen fin de año y saludos a todos". "Fue la última carta que me escribió. A partir de entonces, los contactos fueron por teléfono y personales cuando acudí a verle y en los últimos días de su vida en el verano de 1992", asegura su hijo en su casa de Baden Baden.

jueves, 24 de marzo de 2011

América pudo haber sido poblada antes de lo que se creía

Michael R. Waters. Algunos de los artefactos encontrados en Texas
ABC.es 24-3-2011
Los primeros pobladores de América pudieron llegar hace 15.000 años al continente, según un estudio de la Universidad Texas A&M en College Station (Estados Unidos) que se publica en la revista 'Science'. Los investigadores han descubierto decenas de miles de artefactos humanos en una capa de tierra que se encuentra directamente bajo un conjunto de reliquias Clovis en Texas, lo que amplía las evidencias de que otras culturas precedieron a los famosos indígenas Clovis en Norteamérica.
Este conjunto de herramientas pre-Clovis parece tener entre 13.200 y 15.500 años de antigüedad e incluye tecnología de hojas y bifaces que podrían haber sido adoptados más tarde, e incluso mejorados, por la cultura Clovis. Los científicos, dirigidos por Michael Waters, informan de estos 15.528 artefactos, que constituyen lo que los investigadores lamanel Complejo Creek Buttermilk, en el yacimiento arqueológico Debral L. Friedkin.
Las recién descubiertas herramientas son pequeñas y están hechas de sílice, y los investigadores sugieren que fueron diseñadas como un conjunto de herramientas portátil, algo que podía guardarse con facilidad y trasladarse a una nueva localización. Estas herramientas son claramente diferentes de las de Clovis aunque comparten algunas similitudes.
En el pasado, los investigadores han discutido que la población Clovis constituyeron los habitantes humanos más antiguos de América. Este modelo "Primero los Clovis" teoriza que la población Clovis llegó al Nuevo Mundo de Asia Nororiental cruzando el Puente de Tierra de Bering, que conectó una vez Asia y Norteamérica. Sin embargo, este nuevo yacimiento en Texas implica que las herramientas Clovis podrían haber evolucionado de las descubiertas en el Complejo Buttermilk Creek y que la cultura Clovis probablemente se desarrolló en Norteamérica.

domingo, 20 de marzo de 2011

Simón Bolívar de carne y hueso

VERÓNICA CALDERÓN http://www.elpais.com/ 27/11/2010
Antes que libertador de América Latina, Simón Bolívar (Caracas, 1783 - Santa Marta, 1830) fue un hombre enamorado. Su primera y única esposa fue la española María Teresa del Toro y Alayza, y su temprana muerte, ocho meses después de su boda en una iglesia madrileña en 1802, le marcó para siempre. "Si ella hubiera vivido, Bolívar quizá habría sido un hacendado más en Caracas, dedicado a su riqueza y a su vida familiar", aventura el poeta, ensayista y novelista colombiano William Ospina (Padua, 1954). Su libro En busca de Bolívar (La otra orilla), busca descifrar al "hombre fascinante y contradictorio" detrás del caudillo sudamericano.
Ospina, autor de Ursúa y El país de la canela, describe su última obra como "un retrato cubista" de Bolívar. "Deseaba abordar su biografía desde el punto de vista del arte", explica. El libro repasa, en capítulos breves, distintos episodios de la vida del militar y se propone descubrir al hombre contradictorio escondido tras la leyenda. "En el momento en que muere se convierte en un mito", opina Ospina. "Sus enemigos le preferían de mito que como un rival. Bolívar como símbolo les permitía utilizarlo para sus propósitos".
La búsqueda del hombre tras el mito llevó a Ospina hasta Perú de Lacroix, un general francés que había combatido en el ejército de Napoleón y que, años después, peleó al lado de Bolívar. Su Diario de Bucaramanga descubre a un Bolívar que es "la convergencia de muchas personas al mismo tiempo" -relata Ospina-, capaz de perder los estribos cuando era derrotado a las cartas e "incapaz de conformarse con pequeñas victorias". "El poder lo ha convertido en un modelo de política o de arte militar, o simplemente en un modelo para una estatua. Antes tenemos que ver su naturaleza humana. Era un amante de la naturaleza, un bailarín, un hombre que disfrutaba al viajar, es sorprendente. Un personaje que sigue muy vivo en América Latina", asegura.
Huérfano a los nueve años y viudo a los 19, Bolívar se convenció de que "todo lo que amaba era tocado por la muerte y que no había nacido para ser feliz", explica el también ganador del Premio Rómulo Gallegos 2009. "Se convenció de que su propósito era liberar las fuerzas que construyeran el nuevo sueño de su América. Habría querido hacer más", afirma convencido. En el libro llama la atención la metamorfosis del joven de familia acomodada en las colonias en América en fundador de una nueva cultura, que se identificó "con los símbolos y mitos del Nuevo Mundo".
"Sin Bolívar y los demás libertadores de América Latina no habría existido un Pablo Neruda o un Diego Rivera. Ellos dieron ese primer paso", comenta el escritor. Aún cuando las metas eran ambiciosas. "Su desafío era fundar repúblicas. No se trataba de luchar por la independencia de España para hacer un cambio de dueños", observa. "Los grandes terratenientes, los dueños de esclavos, no estaban de acuerdo con sus ideales".
Ospina defiende que el enaltecimiento e idealización de Bolívar opaca sus ideas y su proyecto para América Latina. Incluso sostiene que el multicitado "sueño de Bolívar" es más que una utopía. "La unión continental no se abrió camino porque sus generales prefirieron que cada quien tuviera una república a su medida", explica. Dos siglos después, no obstante, el argumento a favor de una fusión "es más realizable", asegura.
No es de extrañar que un personaje que despierta tantas pasiones como Bolívar inspire una selección variopinta de biografías. Ospina menciona, además del trabajo de Perú Lacroix, biógrafos tan distintos como el colombiano Indalecio Liévano Aguirre o el español Salvador de Madariaga, autor de un retrato crítico sobre el caudillo que le ganó acusaciones de "colonialista" en su momento. El escritor también señala al alemán Gerhard Mansur y al británico John Lynch, que "no ocultan sus defectos ni se apasionan por sus virtudes".
Bolívar se mantiene como el caudillo por antonomasia de América Latina. Su espada fue robada por la guerrilla colombiana en 1974 y hasta estuvo en las manos del narcotraficante Pablo Escobar antes de su devolución en 1991. Sus restos fueron exhumados en julio por el presidente venezolano Hugo Chávez. Ospina explica que "los pueblos de América Latina, al ser jóvenes, necesitan crear su propia versión de sí mismos. Todos necesitamos vivir en un relato. Estos personajes, como Bolívar, asumen un papel casi místico". "Es natural que haya líderes que se proclamen como su único portavoz", añade.
Bolívar, asegura, es más útil como un ideólogo que como una figura elevada a los altares. "Es importante dialogar con él. Es un error utilizar su imagen cuando se trata de un personaje tan contradictorio. Todos los estadistas, ya no solamente los latinoamericanos, sino del mundo, deberían dialogar con él". ¿Y qué fue lo que más sorprendió al escritor colombiano de un personaje tan repetido en su historia? "Su capacidad para soñar con metas cada vez más ambiciosas", responde.

martes, 1 de marzo de 2011

Nuestros primos los neandertales

No tan lejanos. Los restos encontrados han demostrado que los neandertales hablaban y compartían experiencias alrededor del fuego.- MAURICIO ANTÓN


Maestros del fuego. En el yacimiento de Abric Romaní, en Tarragona, se han identificado al menos una docena de clases de fuego: para iluminar, cocinar, calentar…-MAURICIO ANTÓN

http://www.elpais.com/ LUÍS MIGUEL ARIZA 13/02/2011
En los días previos, frente a la hoguera, el patriarca del grupo neandertal al que se había incorporado Ida tomó una difícil decisión. Llevaban semanas sin encontrar comida, el frío empeoraba las cosas y varios de sus miembros habían muerto de hambre. Lejos quedaban los tiempos en los que alimentaban el fuego con los huesos de las presas, mientras disfrutaban de la carne y la grasa asada, y reían con las historias contadas al calor de las llamas. Las niñas y el pequeño fueron los primeros en caer. Los dejaron bajo un montón de piedras en el fondo de la cueva. Ida tenía 20 años, los cabellos pelirrojos y los ojos claros, y sabía lo que significaba perder a alguien querido. Muchos meses atrás, antes de unirse al clan, en otro lugar más cálido, había enterrado a su padre, colocando encima la cuerna del gran ciervo. Le cuidó con cariño durante casi 10 años, desde el día en que aquel oso le destrozó de un zarpazo el nervio de su brazo izquierdo y parte del pie. Ahora, los del clan morían deprisa; a los niños les siguieron los muchachos y las mujeres, siempre después de esas extrañas toses nocturnas. El patriarca decidió que debían alimentarse de la carne de los muertos.
De forma ceremoniosa, arrastraron los cadáveres hasta la entrada de la cueva y comenzaron a despedazarlos con gran habilidad. Usando las hachas y los filos cortantes, los desollaron y separaron la carne de los huesos. En algunos casos rompían los más largos para extraer la médula de su interior. Aunque Ida sació su apetito, observó que el mal había hecho presa en todo el grupo, como un demonio saliendo de lo más oscuro de la cueva. Tuvo que cuidar de ellos hasta que murieron. El patriarca fue el último en caer. Ida comprendió que algo invisible y maligno anidaba en esa cueva y que moriría si se quedaba allí. Las zarpas del demonio la alcanzarían como las del oso que destrozaron a su padre.
Después de aprovisionarse de la carne del propio patriarca, Ida se encaminó hacia el sur. Su padre le había enseñado que cuando no hay animales que cazar convenía observar cuidadosamente todo lo que la naturaleza podía ofrecerle. Encontró algunas de las hierbas que maduraban en los pastos, en las llanuras. Buscó los granos en las espigas, duros como piedras, pero que podían ablandarse con el fuego si se echaban en agua muy caliente. Había que echar las piedras calentadas entre las llamas en el agua y arrojar allí los granos. Se podía hacer una deliciosa pasta que salía al machacarlos. Su padre le había explicado también una manera de sacar una sustancia muy pegajosa de la corteza de un árbol, después de cocinarla con fuego durante horas. Era ideal para pegar los filos de piedra del hacha a los palos.
Ida volvió a ver el mar y estableció contacto con otro grupo de los suyos. La acogieron en su cueva. Cocinaban algo que olía a mar, una grasa deliciosa. Le contaron que el animal quedó atrapado en las aguas más superficiales de la playa. Asaban carne de muy buena calidad de otro animal con bigotes que se arrastraba de manera muy torpe por la arena. Durante los días siguientes, Ida acompañó a unos hombres para ver cómo lo cazaban. Se apostaron detrás de las rocas y esperaron el momento en el que una de las crías se quedaba a solas mientras sus padres se zambullían para pescar. Dos de ellos la asustaron empujándola a las manos del que tenía el filo cortante.
Aprendió de ellos otra cosa sorprendente. Recogían las conchas que el mar arrojaba a la arena de la playa y que venían ya agujereadas. Pasaban por ese agujero una cuerda y se las colgaban del cuello. Ellos pintaban las conchas del mismo color que el pelo de Ida, y la enseñaron varios collares en negro y en rojo para que eligiera. Los hombres y mujeres se pintaban la cara, el cuello y el pecho con llamativos colores. A veces caminaban kilómetros hacia el interior para contactar con otros grupos cuyos miembros tenían un aspecto distinto e intrigante, más altos y menos robustos. Ida, que no sobrepasaba el metro y medio de estatura, se fijó en uno más alto y, tras un par de encuentros, decidió finalmente irse con él para aparearse, tal y como había visto hacer a otras mujeres en el clan de su padre.
Esta historia pudo ocurrir hace casi 50.000 años en España, entre lo que hoy es Asturias y la costa de Murcia. Nuestro país es un paraíso de hallazgos neandertales. La última hora procede de la sima de las Palomas en Murcia. El equipo del antropólogo Michael Walker acaba de desenterrar un excepcional esqueleto de una mujer que vivió hace entre 45.000 y 50.000 años del que se conserva el 85% y que apenas sobrepasaba el metro y medio. Sus huesos aún permanecían unidos "en conexión anatómica, algo que no se había encontrado desde hace 35 años", asegura este experto. "Excavamos la mujer como si hubiera estado enterrada en un cementerio".
Ida, por supuesto, es una recreación ficticia de una mujer neandertal. Inteligente, curiosa, su tecnología era sofisticada y quería a los suyos. Quizá no fuera muy alta, pero, ¿le parece a usted la vida de una salvaje embrutecida? Los últimos hallazgos fósiles han acercado como nunca a neandertales y a Homo sapiens. ¿Quién dudaría hoy en calificar a un pigmeo africano y a un esquimal como especies distintas?
Sí, el esqueleto y la morfología del neandertal eran diferentes: más robustos, con un saliente de hueso encima de los ojos, un cráneo y un cerebro mayores, y de menor estatura. "Muchos de los rasgos que usamos para discriminar a los humanos modernos de los neandertales son detalles de la anatomía del esqueleto interno y no se aprecian desde fuera, a menos que tengas visión de rayos X", explica a El País Semanal el paleoantropólogo portugués João Zilhão, profesor de investigación en la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados en Barcelona. Zilhão lleva estudiando desde hace muchos años a los neandertales y cree, básicamente, que eran tan humanos como nosotros. Sugiere que echemos un vistazo al luchador ruso Nicolai Valuev. Su aspecto recuerda al neandertal, pero "está dentro de la variabilidad humana". La cuestión no radica en preguntarse hasta qué grado fueron diferentes a nosotros, sino hasta qué punto nos parecemos a ellos. ¿Y si fuéramos, en cierta forma, como ellos?
El yacimiento de la cueva de El Sidrón, en Piloña (Asturias), ha proporcionado en los últimos años valiosos fósiles procedentes de una galería a 200 metros de la entrada. El equipo de Antonio Rosas, profesor de investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y autor del libro Qué sabemos de los neandertales (CSIC-Catarata), analizó los restos de 12 individuos. Hallaron marcas en sus huesos que mostraban que habían sido probablemente devorados en un acto de canibalismo.
Quizá, opina Rosas, "pasaran por épocas de carencias alimenticias y fueran comidos". Hace unos 49.000 años, el clima sufrió enfriamientos sucesivos. Hubo épocas en que llegaron bloques de hielo al Cantábrico. El estudio de Rosas, publicado el pasado diciembre en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), desvela los lazos familiares analizando el ADN de los huesos. Los hombres estaban relacionados; podían ser primos, tíos o hermanos. Las mujeres, en cambio, no formaban parte de la familia cuando se incorporaron al clan.
Estos grupos, a menudo intercambiaban las mujeres para preservar la diversidad genética. "Es un sistema muy extendido entre los cazadores recolectores. Hablamos de grupos pequeños, de un número bajo, entre ocho y treinta personas, y con una cierta movilidad. Si estos grupos no se relacionan con otros, diez generaciones después hay un deterioro genético y cultural. Y una manera de mantener lazos de amistad resultaría del intercambio de mujeres, probablemente adolescentes".
¿Qué pudo ocurrir con esta familia para que todos sus restos aparecieran con señales de haber formado parte de un festín caníbal? Puede que una muerte catastrófica o una epidemia acabara con ellos, y otros se los comieran. O que se tratara de un ataque por parte de neandertales acuciados por el hambre, quienes los eliminarían, pero sin dejar pistas en sus huesos. No lo sabemos.
Rosas advierte de que existen pocas evidencias de violencia entre neandertales, y le incomoda proyectar una imagen violenta de este homínido, aunque mantiene que ellos fueron una especie distinta, si bien estaban tan próximos a nosotros, que su cultura forma parte de la nuestra. Uno de los miembros fue pelirrojo. El análisis del ADN de sus huesos dio con "un gen, MC1R, implicado en la pigmentación de la piel, que da una coloración pelirroja, en un neandertal de El Sidrón, y otro en Italia".
Ida sentía compasión. Y hay numerosos casos en el registro arqueológico que demuestran que los neandertales cuidaban de los suyos. El más espectacular es el del hombre "viejo de Shanidar", cuyos restos fueron encontrados en una cueva de Irak; sufrió heridas gravísimas en un brazo, deformaciones en ambas piernas y un golpe en la cabeza que le dejó casi ciego cuando era un adolescente. Según la antropóloga Penny Perkins, de la Universidad de York, en su libro The prehistory of compassion (La prehistoria de la compasión), este hombre sobrevivió entre 20 y 35 años a sus heridas. No podría haberlo logrado, en un mundo tan duro, de no recibir cuidados y alimentos de los suyos.
Lejos de comportarse como seres embrutecidos de dieta restringida a la carne, los neandertales cocinaban los alimentos. Además, eran unos maestros del fuego. En el yacimiento de Abric Romaní, en Tarragona, el equipo del arqueólogo Eudald Carbonell lleva examinando más de 200 hogueras desde 1983 hechas por estos homínidos, de las cuales ya han identificado al menos una docena de clases de fuegos, destinadas a la iluminación, a proporcionar calor, o a cocinar.
Hablar y compartir experiencias al calor del fuego es habitual hoy en día y lo fue en el pasado. Entre los restos microscópicos de estas hogueras han encontrado fragmentos de hueso, madera, restos de planta, lascas de piedra y grasa asada, presumiblemente de las piezas que descarnaban. Y en un estudio publicado en PNAS en diciembre del año pasado, la antropóloga Amanda Henry, de la George Washington University, encontró pruebas de la dieta vegetariana de los neandertales, en dientes fósiles de hace unos 40.000 años, en la cueva de Shanidar, Irak, y en un yacimiento en Bélgica: restos microscópicos de semillas de dátil en la placa dental, además de almidón procedente de granos de trigo salvaje, cebada, centeno y leguminosas.
"Todo lo que podemos deducir es que hubo cocina en presencia de agua, quizá mediante el hervido, o el asado, o cualquier otro método por el que el agua añadida era lo que cocinaba el alimento", explica Henry. "No sabemos cómo lo hacían. Probablemente disponían de una variedad de contenedores hechos de algún material orgánico, aunque no tenemos ningún registro de ello. Lo que sabemos sobre los métodos de cocina procede de los estudios etnográficos. Podríamos comparar estos registros arqueológicos de los neandertales con lo que esperamos encontrar en los de las sociedades cazadoras y recolectoras. Pero en los neandertales no hemos encontrado las piedras calentadoras que transfieren a los contenedores con agua".
Nuestra ficticia Ida probó la carne humana. ¿No es eso prueba de que ella era más primitiva? Esta falsa idea fue hábilmente explotada en una magnífica película con pobre base científica, En busca del fuego, del director francés Jean-Jacques Annaud. El canibalismo aún se practica en muchas tribus humanas. Es casi una prueba de humanidad. "Si ellos fueron caníbales en situaciones de estrés alimenticio o por razones de naturaleza ritual, eso los hizo más humanos, no menos", explica João Zilhão.
Ida conoce neandertales que viven cerca de la costa, capaces de capturar delfines y focas. Restos de vértebras de los cetáceos y huesos de focas se han encontrado en dos ocupaciones neandertales en cuevas de Gibraltar, de acuerdo con las investigaciones de la antropóloga española Yolanda Fernández-Jalvo. ¿Cómo lo lograban sin redes? Quizá matando los delfines varados en las playas, y a las crías de focas en las estaciones de reproducción.
Y a este comportamiento ya de por sí sofisticado se le añade el pensamiento abstracto y simbólico, facultad negada a los neandertales desde tiempos históricos: otro tópico derrumbado. Los recientes trabajos de João Zilhão y sus colegas demuestran que los neandertales fabricaban adornos y se pintaban. Eran coquetos. Hay dos cuevas en Murcia, la de Los Aviones –excavada por el arqueólogo Ricardo Montes, y a menos de cinco kilómetros del mar–y la Cueva de Antón, en el interior, a unos 80 kilómetros de la costa. "Encontramos allí conchas perforadas. Y están pintadas. No tienen ninguna función que no pueda ser la de adornarse. En la cueva de Los Aviones las descubrimos en asociación con recetas bastante complejas de pigmentación, hechas a base de mezclas de diversos tipos de minerales, para conseguir efectos que no existen en la naturaleza", dice Zilhão.
Ocurrió hace 50.000 años, antes de que los seres humanos modernos entraran en contacto con los neandertales europeos. Se acepta que el primer contacto entre ambas especies humanas se produjo en Europa hará unos 40.000 años. ¡Pero 10 milenios antes los neandertales ya se adornaban y pintaban sus cuerpos! Los tabúes, según Zilhão, han impedido ver la evidencia desde los años cincuenta, cuando se desenterraron adornos y colgantes asociados a neandertales en Francia, fechados en esa época del contacto. Hasta 1996 no se empezó a admitir que los autores de esos collares eran neandertales y no humanos. "La gente se resistía a aceptarlo".
Los adornos, o habían sido fabricados por humanos y se mezclaron con restos neandertales, o bien estos copiaron a los humanos, "en una imitación sin comprensión, como una niña que se pone el collar de perlas de su madre sin tener conciencia del significado social de ese collar", añade este experto. "Se llegó a escribir que los neandertales serían como esos nativos de Nueva Guinea que jamás han visto un transistor; solo observan que los tienen los blancos, y como no saben para qué sirven, se los cuelgan como trofeos". El prejuicio que pesa sobre los neandertales se explica, en su opinión, por el "pecado original de ser la primera humanidad fósil conocida" desde los tiempos en que el primero fue desenterrado en Alemania, en 1856.
En nuestra historia, Ida se apareó con un ser humano moderno. ¿Hay que echarse las manos a la cabeza? El debate es fascinante. Los detractores de esta idea afirman que el ser humano moderno se concibió como una especie biológicamente diferente; y aunque todo el mundo acepta el origen africano de la humanidad actual, los Homo sapiens desplazaron a los neandertales, que habían dominado el continente europeo y la parte más occidental de Asia durante 200.000 años. No hicimos el amor con ellos, sino la guerra. Disponíamos de una mejor tecnología y los condenamos a la extinción (quizá hace unos 30.000 años). Es cierto que hoy no vemos neandertales andando entre nosotros. ¿Pero han desaparecido totalmente, o se mezclaron con nosotros?
João Zilhão y el paleoantropólogo Erick Trinkaus, de la Washington University en San Louis (EE UU), mantienen desde hace años que hubo mezcla. El hallazgo en 1998 en Lagar Velho (Portugal) del esqueleto de un niño de 24.000 años con rasgos neandertales se suma al de los restos de individuos en Rumania y la República Checa en los que se aprecian una mezcla de caracteres que hacen pensar que fueron el resultado de un cruzamiento entre neandertales y humanos modernos. En este sentido, cuando hablamos de la extinción de los neandertales, habría que referirse a los últimos neandertales puros. Zilhão estima que el proceso de contacto y asimilación pudo ocurrir hace 37.000 años, y que las fechas que sitúan a los neandertales en Gibraltar entre 28.000 y 30.000 años son "pura fantasía".
¿QuiÉn tiene razón? Esta película de suspense tuvo el año pasado un tercer acto para muchos inesperado. Científicos del Instituto Max Planck en Alemania ensamblaron el 60% del genoma del neandertal a partir de 400 miligramos de polvo de tres huesos de mujeres neandertales encontradas en una cueva de Croacia, en un logro tecnológico sin precedentes. Compararon esa secuencia genética de mil millones de pares de bases con los genomas de cinco humanos actuales procedentes de Nueva Guinea, China, Francia y África Occidental y Oriental. El resultado fue una sorpresa que ni ellos esperaban: los europeos y asiáticos contenían genes neandertales.
"Aquellos de nosotros que vivimos fuera de África llevamos dentro un poco de ADN neandertal", aseguró el director del proyecto, el genetista Svante Pääbo, en una nota de prensa del instituto. Es probable, dicen ahora, que esta mezcla tuviera lugar en Oriente medio, entre hace 50.000 y 80.000 años. Las noticias dieron la vuelta al mundo, pero para Eric Trinkaus, la sorpresa no fue tal. "El estudio genético no confirma nada", aclara este paleoantropólogo, que lleva estudiando neandertales desde hace 40 años. "Nosotros ya lo sabíamos, pero los genéticos han proporcionado la evidencia. Lo que tenemos es un número de fósiles de humanos modernos que contienen en un cierto grado una ascendencia neandertal, aunque son todavía humanos modernos. A medida que los humanos modernos se extendieron después de unos 50.000 años se encontraron con poblaciones neandertales. Sabemos por la arqueología que vivían de una manera muy parecida, y seguramente encontraron en la población que acababa de aterrizar compañeros adecuados y las poblaciones se mezclaron en un cierto grado. Probablemente ocurrió en lugares y tiempos diferentes".
Si los genes neandertales se incorporaron a nuestro acervo genético, ¿cómo es posible que dos especies, en el caso de ser distintas, se crucen y produzcan descendientes fértiles? En la actualidad, señala Trinkaus, ocurre que dos especies muy próximas pueden hacerlo, pero al ser una más dominante y numerosa, la otra termina siendo absorbida. "En Norteamérica hay dos especies, el coyote y el lobo. En condiciones ecológicas normales se comportan como especies separadas, compiten entre sí y no se mezclan. Pero si la ecología se perturba, los machos y hembras de especies distintas se aparean libremente y producen una descendencia completamente fértil y viable. El lobo rojo, en la parte sureste de Estados Unidos, es híbrido entre el coyote y el lobo".
Para Trinkaus, la resistencia a considerar a los neandertales como nuestros antecesores no tiene que ver con la biología o con el registro fósil, sino con esa percepción de que somos tan especiales. Tenemos que estar separados del resto del mundo y no podemos mezclarnos con los neandertales. "Cuando publicamos los resultados del niño de Lagar Velho hace 12 años hubo gente que reaccionó de una manera entusiasta a la interpretación que dimos del esqueleto". Para este experto, el cruzamiento entre seres humanos modernos y neandertales constituía la interpretación más sencilla de la evidencia fósil. Y si hubiera ocurrido al revés, "lo habría aceptado de buena gana. Muchos de los que rechazaron lo que yo y otros mostramos como una clara evidencia lo hicieron en términos filosóficos. Hablamos de los orígenes humanos y el lugar que ocupamos en el mundo. Si lo abordas de forma científica o religiosa hay un prejuicio del que uno debe ser consciente".

sábado, 12 de febrero de 2011

La australopiteca Lucy ya andaba como nosotros


Hueso del pie (cuarto metatarsiano) descubierto en Hadar (Etiopía).- CAROL WARD / ELISABETH HARMAN

El hueso fosil de homínido descubierto en Hadar (Etiopía) ubicado en su posición en el esqueleto del pie.- CAROL WARD / UNIVERSITY OF MISSOURI

ALICIA RIVERA 10/02/2011
http://www.elpais.com/
La capacidad de andar plenamente sobre las dos extremidades inferiores es una característica especial de los humanos entre todos los primates. ¿Pero, cuándo se impuso este rasgo en la evolución de los homínidos? ¿Qué especie abandonó los árboles o dejó de andar a cuatro patas? Un hueso del pie, curvado como los del Homo sapiens, pero de hace más de tres millones de años y descubierto en Etiopía, zanja ahora la discusión acerca de si aquellos seres antepasados nuestros eran totalmente bípedos o aún mantenían rasgos arborícolas. El hueso en cuestión es un cuarto metatarsiano perfectamente conservado de un Australopithecus afarensis, la especie que se hizo famosa por el esqueleto de una hembra hallada en Etiopia, en 1974, y bautizada Lucy. Ahora se sabe que era plenamente bípeda.
La importancia del hueso descubierto se debe a que demuestra que el pie tenía la curvatura típica de los bípedos como los humanos actuales, curvatura que ayuda a tomar el impulso en el suelo al dar el paso y a amortiguar la caída al volver a pisar. Ese pie no tiene ya el dedo gordo largo y flexible de los chimpancés, tan útil para trepar por las ramas y sujetarse. "Ahora sabemos que Lucy y su parientes tenían los pies arqueados y esto significa mucho en el conocimiento que tenemos de ellos, desde dónde vivían hasta qué comían y cómo evitaban a los depredadores", dice Carol Ward (Universidad de Missouri), coautora del descubrimiento. "El desarrollo del pie arqueado fue un cambio fundamental hacia la condición humana porque significa perder la capacidad de utilizar el dedo gordo para agarrar las ramas de los árboles, lo que indica que estos ancestros nuestros finalmente habían abandonado la vida en los árboles y habían adoptado la vida en el suelo". Así, diversificarían sus fuentes de alimento.
Lucy es un esqueleto casi completo de una hembra de poco más de un metro de altura, que vivió hace 3,8 millones de años y que tendría un cerebro poco mayor que el de un chimpancé, pero que había evolucionado y ya no vivía exclusivamente en los árboles. Que su especie sería capaz de andar sobre sus dos extremidades inferiores estaba claro, pero para muchos científicos no habría aún dejado de lado completamente las capacidades arborícolas. Esos homínidos vivirían en el suelo pero estarían perfectamente cómodos en los árboles y se podrían desplazar por las ramas de los árboles si venía bien o hacía falta. El cuarto metatarsiano ahora presentado en la revista Science demuestra que Lucy y sus congéneres eran bípedos como nosotros y que habían perdido ya las características de los pies propias de los monos. Subirían a los árboles, pero no tendrían las plenas capacidades de sus antepasados.
El hueso se descubrió hace 10 años (hasta ahora no se han culminado los estudios del fósil para sacar conclusiones) en una yacimiento de Hadar, en Etiopía, en el que se han encontrado ya más de 250 fósiles de al menos 17 individuos A.afarensis, de hace 3,2 millones de años. El líder de la excavación es Donald Johanson, el mismo paleontólogo estadounidense (ahora en la Universidad de Arizona) que encontró los restos de Lucy y que le dio en nombre en honor de la canción Lucy in the sky with diamonds que los miembros de la expedición oían una y otra vez en el campamento aquel año.
No son Lucy y sus congéneres, incluido el individuo del cuarto metatarsiano, los primeros homínidos después de la bifurcación evolutiva de los otros primates. Algo más de cuatro millones de años tienen los A.anamensis descubiertos en Kenia y Etiopía, pero su esqueleto aún no se conoce bien, explican los científicos en Science. Algo más antiguos, en torno a 4,4 millones de años, tienen los Ardipithecus ramidus, de Etiopía, que son los ancestros humanos más antiguos que se conocen hasta ahora con un esqueleto bien representado en el registro fósil, como dicen los paleontólogos. Pero los ardipitecos, descubiertos por Tim White, contrincante declarado de Johanson en la carrera por estudiar los homínidos más antiguos y más humanos, sería sólo un bípedo a tiempo parcial, de transición, con muchos rasgos aún de los monos que se desplazan por los árboles, incluido el dedo gordo largo y móvil adecuado para sujetarse.
El cuarto metatarsiano de A.afarensis está completo y casi perfectamente conservado, explican Johanson y sus colegas. Se habían encontrado antes otros metatarsianos fósiles, pero parciales, "ninguno lo suficientemente completo como para abordar la cuestión de los pies arqueados". Y el cuarto metatarsiano "es el elemento clave" de diferencia entre simios y humanos, "la mejor prueba de la presencia de arcos permanentes longitudinal y transversal en el pie".

domingo, 30 de enero de 2011

La batalla de Himera emerge de las fosas de sus guerreros

Representación romántica del momento decisivo de la batalla de Himera
Imagen de los guerreros griegos en una fosa común de Himera
JACINTO ANTÓN 30/01/2011 http://www.elpais.com/
Fue una de las batallas más tremendas y decisivas libradas por los antiguos griegos, y en ella también se jugó la suerte de la civilización occidental como la conocemos. Todo el mundo ha oído hablar de Salamina y, sin embargo, ¿quién recuerda Himera? Esa batalla tuvo lugar, según Heródoto (Libro VII), el mismo día que la de Salamina, durante la última semana de septiembre del 480 antes de Cristo, si bien en tierra y muy lejos hacia el oeste. Si junto a la isla de Salamina, cerca de Atenas, los griegos derrotaron a los persas y conjugaron el peligro de caer bajo el yugo del poderoso imperio oriental, hundiendo la incontable flota de Jerjes, frente a Himera, en la costa norte de Sicilia, cerca de Palermo, una coalición de colonos griegos -mandados por Terón, tirano de Agrigento, y Gelón, rey de Siracusa- venció a otros peligrosísimos enemigos, otros "bárbaros", estos occidentales, los cartagineses, salvaguardando uno de los territorios helenos más importantes.
La coincidencia de los ataques, el persa y el cartaginés, hizo pensar a los griegos en un pacto de sus dos grandes enemigos para hacerles la pinza desde el este y el oeste. Las fuentes de la antigüedad -comparan Himera con Platea- hablan de una batalla grandiosa, que ahora confirma la arqueología, y que acabó con el enorme ejército cartaginés completamente derrotado y el suicidio de su comandante, Amilcar (un Magónida, nada que ver con los Bárcidas), que se habría lanzado a las llamas de una pira sacrificial, a lo Dido, evitando la captura.
El combate tuvo algo de guerra de Troya, pero al revés: los griegos asediados, que al principio llevaban la peor parte, hasta el punto de que tapiaron las puertas de la ciudad y asaltaron con un ardid -haciéndose pasar por caballería enemiga- el campamento en la playa de los atacantes cartagineses incendiando sus naves varadas. La contienda prosiguió en la llanura entre la playa y la ciudad, donde el campo de batalla ha sido ahora localizado.
De la ferocidad de la lucha -"fue grande la carnicería", escribe Diodoro Sículo- nos da fe el descubrimiento de los enterramientos de los guerreros griegos caídos en la batalla. Los arqueólogos han hallado incluso varias sepulturas colectivas, verdaderas fosas comunes, con los soldados alineados en una última y espectral revista y todos con heridas escalofriantes, en las que se escucha el eco metálico de la guerra antigua con toda su ferocidad. Desde el punto de vista científico pueden representar la mayor fuente de información sobre cómo luchaban y morían los griegos.
"Hemos excavado siete fosas comunes de la batalla con un centenar de cadáveres, pero hay muchísimas sepulturas individuales más de guerreros y 26 tumbas de caballos, muy raras en el mundo griego y que deben tener que ver con ese papel protagonista de la caballería en la batalla, para recordarlo", explica el director científico de las excavaciones, el arqueólogo Stefano Vassallo. El estudioso, que ha participado en un curso del Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC), recuerda que la necrópolis de Himera es una de las más grandes de Italia y en ella han excavado ¡9.000 tumbas! de diferentes épocas durante los trabajos preventivos de la construcción de la línea ferroviaria Palermo-Mesina, iniciados en 2008 y recién concluidos.
Vassallo señala que los guerreros griegos de las fosas comunes yacen todos en posición dorsal, son hombres de edades entre los 25 y los 30 años y presentan traumatismos violentos debidos a heridas de armas de tajo o lanza. Muchos conservan trozos del arma que les causó la muerte: puntas de flecha o de lanza que penetraron tan profundamente que no se pudieron extraer del cuerpo.
El arqueólogo no cree que la coincidencia con Salamina sea literal (para Diodoro Sículo, Himera se libró el mismo día que la batalla de las Termópilas), pero tampoco que Heródoto se lo inventara. "No es un mito, hubo sin duda sincronía entre ambas campañas".
Himera tiene un epílogo amargo. Si bien los griegos pararon definitivamente a los persas en las guerras médicas, los cartagineses volvieron 70 años después y la revancha fue completa. En la segunda batalla de Himera (409 antes de Cristo), el nieto de Amílcar, Aníbal (otro, no el terror de los romanos), venció a los griegos y arrasó la ciudad. Himera no volvió a ser ocupada. "Fue una vendetta tremenda", asegura Vassallo. También de esta notable batalla se han excavado otras dos fosas comunes, una con 59 cadáveres. Vassallo cree que otra fosa con centenares de esqueletos muy desordenados podría albergar los restos de las víctimas de la masacre de civiles ordenada por Aníbal tras la toma de la ciudad para apaciguar el fantasma de su abuelo.