miércoles, 5 de enero de 2011

Los cables hispanos de la independencia de Estados Unidos

Retrato de José Solano y Bote en Florida. museo Naval de Madrid
JESÚS GARCÍA CALERO. Abc. es12/12/2010
Los hechos ocurren 230 años antes de Wikileaks. Cartas cifradas desde Madrid informan a los padres de la patria norteamericana de la disposición de Floridablanca a ayudar a la independencia de Gran Bretaña, así como de los detalles de cómo se entrega esta ayuda sin rastro. Van cifradas porque la Corona intercepta las comunicaciones. La administración española es un engranaje perfecto.
Estamos a finales del siglo XVIII. Las dinastías borbónicas han salido tocadas de la Guerra de los Siete Años. Para recuperar Manila y La Habana, España ha perdido la Florida y debe reforzar su posición frente a Londres. Las potencias viven entonces una década de pura guerra de información, espías y ayudas veladas. Enviados desde Madrid y las colonias, unos 3 billones de dólares en plata española, al cambio actual, financian la independencia de EE.UU., ayuda que nunca se devolvió y sin la cual el nuevo Estado habría quebrado, según el estudio jurídico de José María Lancho, adelantado en estas páginas.
En una de las cartas cifradas, William Carmichael dice a John Jay, plenipotenciario de los colonos en España, en mayo de 1780, que trató de lograr caballos españoles para el ejército americano, sin que le fuera posible. Habla de la buena disposición de la Corte y dice que el Rey ha dado «una muestra de su amistad al encargar una suma adicional de 3 millones para permitirnos la compra de los pertrechos para 30.000 soldados». Su Majestad acordó también «enviar una armada considerable y fuerzas de tierra».
La Guerra de Independencia estalla. En casa de George Washington fallece uno de los enviados españoles, Juan Miralles. La herencia hispana corre tanto por la plata como por la pólvora. Gálvez toma Pensacola y recupera Florida, distrayendo el esfuerzo bélico inglés. Solano y Bote gana con su providencial ayuda el título de Marqués del Socorro.
Gran Bretaña quiere pagarnos con la misma moneda. Carmichael informa al Congreso en noviembre de 1781 de un agente inglés quien, bajo el nombre de Comodoro Johnson, pretendía obtener permiso del embajador portugués para poder desplazarse al Brasil. De allí iría a Caracas. Habla de la situacion de revuelta en Perú y su extensión a México. Y dice que reducirá la capacidad financiera de España en la guerra.
Volvamos a los tiempos de Wikileaks. La noticia del estudio jurídico de Lancho ha sido bien valorada por medios diplomáticos. Fuentes de Exteriores han asegurado a ABC que la ayuda española a los padres de la nación americana «no es un episodio bien conocido en EE.UU., en parte por el poso antiespañol de los anglosajones. Y quien conoce el episodio siempre ha creído que la ayuda española era circunstancial».
La diplomacia advierte de que es un buen momento para reivindicar el pasado hispano: «La Corona ayudó a la independencia con miedo y en secreto, para evitar que el mensaje emancipador se extendiese por América del sur. Por eso ni nosotros mismos lo dijimos muy alto, pero también hay que subrayar que no está olvidado del todo. En Washington y en Nueva Orleans hay, por ejemplo, estatuas de Gálvez, el conquistador de Pensacola».
La cuestión es: ¿cómo hacer bien esta reivindicación? Los más progresistas ven esta historia común como «una vía de integración cada vez más necesaria. Nosotros debemos favorecerla, sin exclusivismos y buscando aliados, como puede ser México. Lo hispano está en la gastronomía, la topografía, la lengua, el arte...»
Prueba de que el asunto está de plena actualidad es la exposición «El hilo de la memoria», que Seacex acaba de inaugurar en Nuevo México y se podrá ver en Santa Fe, El Paso y Nueva Orleans. Pero hay más: el acuerdo firmado por Ángeles González-Sinde y la NOAA ha proyectado también la recuperación de lo hispano en los santuarios nacionales marinos. La historia continuará.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Los genes desvelan el parentesco de una familia neandertal

Piezas dentales fósiles de neandertales de la cueva de el Sidrón (Asturias) con sus notas de identificación.- CSIC/UPF
Cueva de El Sidrón, en Asturias, donde se han encontrado unos 1.800 fragmentos de huesos de neandertales de hace 49.000 años.- CSIC/UPF
ALICIA RIVERA 20/12/2010 http://www.elpais.com/
Un grupo familiar formado por una docena de individuos -tres hombres adultos (de unos 20 o 25 años), tres mujeres, niños y adolescentes- perdieron la vida, todos a la vez seguramente, en el norte de la península Ibérica. Los hombres estaban emparentados genéticamente entres sí; de las mujeres sólo una. Fue hace 49.000 años, eran neandertales y sus restos fueron a parar a la cueva asturiana de El Sidrón. El ADN, como en una investigación forense, ha desvelado ahora su parentesco y ha proporcionado algunas pistas nuevas sobre el comportamiento y demografía de aquella especie europea que dominó el continente y que desapareció hace menos de 30.000 años. Los restos de aquellos individuos de la cueva presentan claras marcas de canibalismo, una práctica conocida de los neandertales (Homo neanderthalensis). Un equipo científico ha analizado los restos y exponen sus conclusiones esta semana en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias (EE UU).
"Si tomas al azar una docena de personas por la calle, en la sociedad actual, es muy difícil que siete, o incluso cuatro, de ellos tengan el mismo ADN; pero si haces el muestreo en un bautizo, por ejemplo, las probabilidades de que la gente comparta material genético son muy superiores", explica Carles Lalueza-Fox, líder del equipo científico que realizado este estudio sobre los neandertales de El Sidrón.
Todos los individuos de aquella familia debieron morir simultáneamente, dada la disposición y las características de los fósiles. "Están muy fragmentados y muchos, incluidos los cráneos, fueron golpeados para extraer el contenido", explica Lalueza-Fox, genetista del Instituto de Biología Evolucionista (CSIC-Universidad Pompeu Fabra). El canibalismo es una práctica de los neandertales que no extraña a los especialistas, ya que marcas del mismo tipo se han encontrado en numerosos fósiles de otros yacimientos.
Lo que resulta más intrigante es cómo acabó toda aquella familia muerta y consumida. Pero aquí las posibles explicaciones son hipótesis. Pudieron morir todos a la vez y, tras ser devorados, sus restos permanecerían en el suelo fuera de la cueva; luego, algún tipo de fenómeno natural extremo pudo provocar el hundimiento del terreno en El Sidrón y los huesos se precipitaron hasta la galería ahora conocida como el Osario. Tal vez el grupo era más numeroso, tal vez había más niños.... o no.
Los fósiles neandertales se descubrieron en 1994 en esa cueva de 3.700 metros de longitud, con una galería principal y varias secundarias transversales. Una de ellas, a unos 220 metros de la entrada principal es el Osario, donde se han recuperado ya 1.800 fragmentos de huesos de neandertales de al menos 12 individuos. El ADN de uno de ellos, un adolescente, se ha utilizado en el proyecto internacional del Genoma Neandertal.
En este nuevo estudio, los científicos han obtenido ADN mitocondrial (la mitocondria es un orgánulo de la célula, externo al núcleo, y se hereda por vía materna) de fragmentos de huesos de los 12 individuos, sobre todo de dientes, y siempre sin destruir los fósiles. Por las piezas dentarias (de leche en el caso de los niños, y por el desgaste en los adultos), los investigadores saben que la población de El Sidrón estaba formada por tres adultos (dos mujeres y un hombre), tres jóvenes adultos (dos hombres y una mujer), tres adolescentes de entre 12 y 15 años y posiblemente todos masculinos, y tres individuos juveniles o infantiles con edades comprendidas entre los dos y los nueve años.
"Las pruebas arqueológicas, paleontológicas y geológicas indican que estos individuos constituían la totalidad o una parte de un grupo social contemporáneo de neandertales que murieron aproximadamente al mismo tiempo y que resultaron sepultados a la vez debido al colapso de una cueva subterránea", explican los investigadores en Proceedings.
El ADN permite relacionarlos parentalmente y la prueba del cromosoma Y ayuda a diferenciarlos por sexo. La docena de neandertales de El Sidrón pertenecen a tres linajes femeninos diferentes de siete, cuatro y un individuos cada uno. La distribución es la siguiente: las tres mujeres adultas pertenecen cada una a un linaje, mientras que los tres hombres son del mismo. Al combinar la información morfológica de los huesos con el material genético, los investigadores conjeturan que dos de los niños pueden ser hijos de una de las hembras (con espacio de unos tres años entre parto y parto) y otro sería hijo de otra de las hembras. La tercera hembra no tienen ningún pariente genético en el grupo.
Estos datos "concuerdan con la hipótesis de que eran las hembras las que se movían de un grupo a otro", explica Antonio Rosas (paleobiólogo del CSIC), otro de los investigadores del equipo. Esta incorporación femenina al grupo social del hombre se denomina patrilocalidad, y es corriente (en torno a un 70%) en sociedades tradicionales actuales, apunta Lalueza-Fox. En cuanto a los neandertales, "el intercambio [de hembras] tendría lugar durante encuentros puntuales entre los diferentes grupos en lugares comunes y en momentos relacionados con la caza", añade Rosas. El efecto de esta estrategia (que se conoce también en algunas especies de primates) es la disminución de la consanguinidad dentro de una comunidad".
Los resultados de esta investigación sobre un grupo social de neandertales "proporciona pistas tentadoras sobre la demografía y el comportamiento de la especie que fue una vez pariente cercana de la nuestra y pueden ser utilizadas para ayudar a comprender los factores que contribuyeron a su extinción", concluyen los investigadores en su artículo científico.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Descubierto un homínido de casi dos millones de años

Cráneo de la especie A.sediba descubierto en el yacimiento de Malapa (Suráfrica)- LEE BERGER | BRETT ELOFF

ALICIA RIVERA 08/04/2010 http://www.elpais.com/

Matthew Berger, un niño de nueve años, acompañaba a su padre, el científico Lee Berger, el 15 de agosto de 2008 en una bien planeada excursión por las cercanías de Johanesburgo (Suráfrica) en busca de restos del pasado. Al poco de llegar al lugar elegido para empezar el rastreo, el chico exclamó: "¡Un fósil!". Él no sabía de qué animal era, pero el padre sí: una clavícula, y cuando dio la vuelta al bloque de piedra que había encontrado su hijo con el fósil, inmediatamente identificó otro, una mandíbula con un canino, y eran de homínido, el máximo trofeo para un paleoantropólogo como él.

Expediciones posteriores en la zona, estudios minuciosos y muchos meses de trabajo para extraer los antiguos huesos de los bloques en que estaban incrustados, han sacado a la luz dos esqueletos parciales fosilizados de hace aproximadamente 1,8 millones de años. Uno es de un niño o un adolescente (entre 10 y 13 años), el que encontró Matthew; el otro, que se descubrió en septiembre de 2008, es de una hembra al final de la veintena; combinan rasgos antiguos y modernos, y los científicos afirman que son una especie nueva de homínidos desconocida hasta ahora, que ellos han bautizado Australopithecus sediba. Es más, Berger y sus colegas plantean que esta especie bien podría encajar en la línea ancestral humana, representando una transición entre los antiguos australopitecos y los primeros individuos del género Homo. Otros expertos (unos 60 científicos han visto ya los nuevos fósiles) prefieren situar A.sediba como una rama lateral -extinguida- a la línea evolutiva humana. De cualquier forma, se trata de un hallazgo sensacional, coinciden unos y otros, que proporciona rica información sobre los ancestros del hombre hace dos millones de años.

"Estos fósiles nos dan una visión extraordinariamente detallada de un nuevo capítulo de la evolución humana, convirtiéndose en una ventana abierta hacia un período clave en el que los homínidos hicieron el crítico cambio desde su dependencia de la vida en los árboles a la vida en el suelo", explica Berger (Universidad Witwatersrand, Suráfrica). "A.sediba presenta un mosaico de rasgos de un animal que se siente cómodo en los dos mundos".

Los dos esqueletos de A.sediba (que significa manantial o fuente en la lengua Sotho de la región) se presentan en la revista Science, que ha rechazado el nombre del joven Matthew entre los firmantes del artículo oficial.

Los científicos han encontrado ya huesos fósiles de al menos otros dos individuos (un niño y otra mujer) de la misma especie en el yacimiento, pero aún no han acabado de estudiarlos y no se dan a conocer de momento.

La hembra y el joven cuyos esqueletos bien conservados se presentan ahora medirían 1,27 metros (aunque el chico seguramente crecería aún algo más); ella podría pesar 33 kilos y él, 27; tenían un cerebro pequeño (unos 420 ó 450 centímetros cúbicos frente a los 1.200-1.600 centímetros cúbicos del nuestro), dientes caninos pequeños, brazos largos, manos fuertes, pelvis avanzada y extremidades inferiores largas. Desde luego caminaban -y seguramente corrían- erguidos. Los fósiles han sido datados mediante diversas técnicas entre 1,95 y 1,78 millones de años. De la cronología y del estudio del entorno del yacimiento se ha ocupado un equipo dirigido por Paul Dirks (Universidad James Cook, Australia). Uno de los cráneos está todavía incrustado parcialmente en un trozo de roca, pero los investigadores han decidido no extraerlo por el riesgo de que se pueda romper, pero lo han estudiado con detalle en el sincrotrón europeo ESRF y han obtenido así una reproducción óptima.

Berger y Dirks empezaron su investigación explorando, con la ayuda de Google Earth, una zona de cuevas, Malapa, cerca de Johanesburgo. El fósil que encontró Matthew y el resto estaban en cavidades con sedimentos, y los investigadores han reconstruido el escenario de la muerte de aquella hembra y aquel joven hace casi dos millones de años. Debieron caer, junto con otros animales, a una cueva profunda y luego fueron arrastrados hasta un lago subterráneo. Tal vez era una época de sequía y los animales se acercaban al agua. Los esqueletos, al estar fuera del alcance de animales depredadores, se conservaron muy bien. Por la disposición de los fósiles en el sedimento, los expertos no descartan que los dos homínidos murieran a la vez o muy cerca en el tiempo.

A. sediba entra directamente en los libros y en los debates de los paleontólogos acerca de la evolución de las especies ancestrales humanas. Estos fósiles tienen aproximadamente un millón de años menos que el famoso esqueleto Lucy, una hembra de Australopithecus afarensis considerada una remota antepasada de la humanidad. Pero 1,9 millones de años tiene el Homo erectus, considerado un antepasado del Homo sapiens, con el que los nuevos esqueletos comparten algunos rasgos. La cuestión es si los individuos de A.sediba son los supervivientes de australopitecos anteriores (A.africanus) que al final se extinguieron, mientras evolucionaban las línea Homo, o si se trata de una especie de transición entre esos australopitecos previos y el H.erectus, como sugieren sus descubridores.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Sen-en-Mut y la cámara secreta

CÉSAR ANTONIO MOLINA 24/04/2010 http://www.elpais.com/

En Deir el-Bahari, a los pies del Dyeser-Dyeseru (el templo funerario o templo de millones de años mandado construir por la reina Hatshepsut), se encuentra la capilla subterránea que excavó el arquitecto Sen-en-Mut, valido y amante de la soberana. El mayordomo de Amón pertenecía a una familia media egipcia. Formó parte de las tropas de Tutmosis I que lucharon contra Nubia. Luego fue nombrado gobernador de la Casa de la hija del faraón, es decir, se convirtió en el maestro y preceptor de la princesa. Él tenía 35 años y ella 14. Llegó a poseer cerca de un centenar de títulos. No tuvo ni esposa ni hijos. Fue en todo fiel a Hatshepsut. Murió probablemente antes que ella. A partir de ese momento, la reina comenzó a perder todo su poder en favor de Tutmosis III, su sobrino. La reina gobernó Egipto durante 21 años (desde 1478 hasta 1458 antes de Cristo). La labor destructora de su memoria por parte del sucesor fue terrible. Incluso la hizo desaparecer de la lista de los faraones. ¿Asesinada? Probablemente no, pero sí apartada, relegada.
Sen-en-Mut siempre estuvo junto a Hatshepsut. Ella era hija de Tutmosis I (1524-1518). Cuentan que era tan bella como Nefertiti. Se casó con su hermanastro Tutmosis II, que reinó del 1518 al 1504 antes de Cristo. Enviudó muy pronto y, debido a la juventud de Tutmosis III (uno de los más grandes faraones de todas las dinastías egipcias), asumió la regencia. Tuvo dos hijas. La primera, Neferu-Ra, aparece muy representada junto a su supuesto padre Sen-en-Mut. Ambas hermanas -seguramente del mismo progenitor- se casaron con Tutmosis III. La segunda, tras morir la primera.
Los arqueólogos españoles Teresa Bedman y Francisco Martín han estado trabajando en este lugar durante los últimos años. Teresa decide esperarnos fuera, mientras Francisco inicia el descenso conmigo. La luz del día penetra hasta muy avanzada la caminata. Pisamos sobre una estructura escalonada de madera con pasamanos. De repente, las tinieblas. "Estoy entre las tinieblas, como ciego", diría Rilke. Pasos más abajo, la ingeniería del hombre moderno da paso a los viejos escalones térreos de los antiguos egipcios. Bajamos en silencio, y cuando estamos en el muro norte, a la altura del resbaladizo octavo escalón, antes de descender a la primera cámara, mi guía enfoca su linterna contra la pared. Surge entonces de improviso el rostro de un hombre. Nos mira fijamente. El autorretrato que lleva allí impertérrito desde hace más de tres milenios fue dibujado con tinta negra sobre una superficie estucada. Cuatro líneas rojas formando una cuadrícula lo enmarcan. Quizá el busto vigila la entrada. El anfitrión se presenta al huésped, al desconocido, al visitante del futuro y le pide que sea respetuoso con el lugar que guarda su memoria. Los jeroglíficos enfrentados al rostro reproducen el nombre de Sen-en-Mut y añaden uno de sus títulos más queridos, "mayordomo de Amón".
Pocos espacios me han causado tan profunda emoción. La cámara, según Francisco la va iluminando, es de una belleza inusitada. Allí nos dejamos acunar bajo el mismo cielo de otra época: estrellas, constelaciones, planetas, los círculos lunares que muestran los 12 meses del calendario egipcio. Inscripciones jeroglíficas, dibujos, textos religiosos. Además, hay diferentes referencias a Hatshepsut. Estamos bajo un techo astronómico, en una capilla que contiene el más antiguo mapa celeste. Con esta guía del cielo nocturno se fijan los momentos exactos para ser leídos los fragmentos de los textos religiosos de las paredes. Francisco se sitúa con la linterna en el centro de la sala como si fuera un sol oculto por las tinieblas. Yo doy vueltas como un planeta sin rumbo. Enumera pormenorizadamente todos los simbolismos y añade algo de nuevo emocionante. Las mediciones actualizadas han permitido comprobar que, según este plano, la Osa Mayor se encuentra situada en el exacto lugar o declinación que le correspondería en el cielo bajo el cual Sen-en-Mut vivió. ¡Qué privilegio encontrarnos bajo el amparo de ese mismo decorado que el arquitecto vio hace miles de años!
Probablemente Sen-en-Mut construyó este hipogeo para enterrarse. Luego no fue así, pues su verdadera tumba está cerca del templo de Dyeser-Dyeseru (aunque se desconoce, finalmente, dónde fue enterrado). Por las medidas del corredor y las estancias no parece que aquí pudiera caber un sarcófago del tamaño correspondiente a la importancia de este personaje. Teresa y Francisco piensan que, en realidad, lo que hizo Sen-en-Mut fue construir una capilla extraordinaria semejante a las de Dyeser-Dyeseru. Bajo el templo de Hatshepsut, el arquitecto y político más poderoso de su tiempo tenía un lugar secreto donde se transformaba en un igual a los faraones. Allí estaba su biografía, allí estaba representada la devoción hacia Hatshepsut y las plegarias para resucitar en el otro mundo.
Bajamos a la otra cámara. Esta estancia carece de decoración, aunque hay algunas marcas y grafitos. A pesar de que es un espacio desolado, produce una sensación aún más misteriosa, pues estamos ya en las profundidades. Desde la puerta de entrada habremos caminado unos 50 metros. El profundo silencio y la densa oscuridad se hacen cada vez más espesos. Sin embargo, no siento ni frío ni calor. Aún queda una tercera y última sala más hundida. Llegamos a ella descendiendo por una rampa. El mayordomo de Amón navegaba eternamente en la barca de Ra (el gran dios responsable del ciclo de la muerte y la resurrección) a través del firmamento simbolizado en la forma abovedada del techo. Aquí se termina la construcción. Es un callejón sin salida. Ahora estamos justo debajo de la primera terraza del templo de millones de años de Hatshepsut.
Herbert Winlock hizo este hallazgo en 1927. No le dio mucha importancia. Tampoco llegó a limpiarlo, restaurarlo, interpretarlo y ponerlo en valor como lo han hecho Teresa y Francisco. Winlock empaquetó alguno de los objetos que encontró y se los llevó al Museo Metropolitano de Nueva York.
Hemos llegado al final del viaje al Más allá y reemprendemos ahora la ascensión. "Darkness before, and danger's voice behind", es un verso de Wordsworth (con la oscuridad delante y la voz del peligro detrás). La rampa y escaleras se muestran resbaladizas como si no quisieran desprenderse de nosotros. Cada uno se emplea a fondo en esta escalada. Yo voy delante y me apresuro. Llego a la superficie jadeando. Teresa está de guardia sentada bajo una lona blanca. Al verme se levanta, se acerca nerviosa y me mira con expectación. Yo sonrío y la abrazo.
El trabajo de Teresa Bedman y Francisco Martín ha sido extraordinario. Dos conciudadanos han empleado parte de su vida en recomponer minuciosamente la memoria de dos grandes personajes y amantes a quienes quisieron borrar de la historia. Teresa, Francisco, Sen-en-Mut, Hatshepsut, todos contemporáneos en la tierra o en el más allá. Ellos vivos gracias a nuestros arqueólogos, los arqueólogos vivos gracias a su eternidad.

domingo, 24 de octubre de 2010

El bulo (mundial) del Caudillo se desvanece

El general Franco y Adolfo Hitler durante su entrevista en Hendaya, en 1940.
LUDGER MEES 24/10/2010 http://www.elpais.com/
Ayer, 23 de octubre, se cumplió el 70º aniversario de la famosa reunión celebrada entre Franco y Hitler en la estación fronteriza de Hendaya. Fue la única ocasión en la que el Caudillo vio personalmente al Führer para poder agradecerle efusivamente la ayuda prestada por el dictador alemán durante la Guerra Civil. La reunión -incluida una cena de gala- duró nueve horas y su único resultado tangible fue un protocolo secreto redactado por los alemanes y acordado con los Gobiernos italiano y español en el que España se comprometió a intervenir en la guerra contra Inglaterra después de haber sido provista de la "ayuda militar necesaria para su preparación militar". Como contrapartida, Alemania facilitaría ayuda económica, alimentos y materias primas al régimen español, autorizando la "reincorporación de Gibraltar" a España y compensando el esfuerzo bélico del país con la cesión de unos "territorios en África" sin determinar.
Pocos años después comenzó la construcción de la leyenda de Hendaya por parte de los dirigentes del régimen y sus hagiógrafos, una leyenda que se iba convirtiendo en un pilar esencial del mito fundacional del franquismo. Según esta leyenda, fue la astucia de Franco la que le permitió resistir ante las presiones del dictador alemán para que España entrara en la guerra al lado del Eje. Haciendo gala de una hábil prudencia, el Caudillo supo parar las pretensiones del Führer y así salvaguardar la libertad de su país e impedir la catástrofe que hubiera supuesto un nuevo compromiso bélico. La construcción de esta leyenda se culminó con un éxito notable, pues todavía hoy día, y pese a las aplastantes pruebas aportadas por los historiadores en sentido contrario, la idea de que, gracias a una jugada táctica genial, Franco sacó a España de la II Guerra Mundial, es casi vox pópuli. Una parte no insustancial de este éxito se debe a las potencias occidentales a cuyos Gobiernos, en tiempos de la guerra fría, esta leyenda vino bien para justificar la incorporación de la dictadura franquista como nuevo aliado en el frente anticomunista, en lugar de eliminar este vestigio obsoleto del pasado fascista.
Sin embargo, 70 años después ya no puede haber lugar a la mitificación de aquel encuentro. Gracias a las investigaciones de varios historiadores, sabemos bastante bien lo que ocurrió antes, en y después de Hendaya, aunque una parte de las fuentes de la parte alemana se hayan perdido. El resultado no tiene mucho que ver con lo que cuenta la leyenda.
La correspondencia cruzada entre el Caudillo y Serrano Súñer, cuando el ministro de Gobernación y poco después ministro de Asuntos Exteriores se encontraba en Berlín para hablar con Von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores alemán, y con el mismo Hitler, no corrobora la imagen del cuñadísimo como ferviente defensor del compromiso militar de España y Franco como freno de estas pretensiones. Al contrario, en las cuatro reuniones de septiembre Von Ribbentrop trató a Serrano de forma bastante despectiva, pues no comprendía por qué el español se negaba a ceder una de las islas Canarias para el uso de la Marina alemana, cuando, según el mandatario nazi, Franco debía su triunfo en la Guerra Civil a la ayuda alemana. El español se sentía ofendido en su orgullo, pero recibía de su jefe respuestas e interpretaciones mucho más positivas que confiaban en la buena voluntad de Hitler y su supuesta comprensión de las posturas españolas, achacando los problemas a la exagerada autoestima y el deseo de protagonismo de Von Ribbentrop. En todo caso, el hecho de sentirse tratado más como un Gobierno satélite que como un potencial aliado militar contribuyó a temperar la desbordante germanofilia de Serrano Súñer, lo que también le hizo ver una hipotética entrada en la guerra con otros ojos.
Antes de llegar a Hendaya, Hitler ya había sacado la conclusión de que en ese momento la entrada de España en la guerra habría sido más un lastre que una ventaja para los intereses del Eje. Por una parte, conocía los categóricos informes de los responsables de la Wehrmacht, que constataron que Franco no poseía nada semejante a un ejército operativo y eficaz, y que cambiar esa situación requería de un costoso esfuerzo previo de rearme. Por otra parte, los bombardeos de ciudades inglesas no estaban surtiendo el efecto deseado, de manera que se imponía la impresión de que la guerra contra el único enemigo en Europa que todavía se resistía a la hegemonía alemana iba a durar más de lo estipulado. Para ello, y eso fue el tercer y decisivo argumento, Hitler necesitaba construir una amplia entente antibritánica, en la cual la Francia de Vichy estaba llamada a desempeñar un papel importante, sobre todo para cubrir el flanco africano contra los británicos y sus aliados de la Francia libre liderada por De Gaulle. Y el mariscal Pétain, presidente de la Francia colaboracionista, quiso demostrar que la confianza que Hitler depositaba en él y su régimen estaba justificada: en septiembre, las tropas de Vichy rechazaron un intento de ocupar Dakar por parte de los británicos y franceses de De Gaulle. Hitler estaba convencido, por tanto, de que si cedía ante las exigencias de Franco pagándole su entrada en la guerra con el traspaso -una vez ganada la guerra- de territorios hasta entonces franceses en África, esta concesión iba a provocar la masiva deserción de las tropas francesas en aquellos territorios coloniales y el inevitable avance de los británicos. Mussolini compartía totalmente esta valoración.
En Hendaya no hubo, por tanto, ninguna presión directa con el fin de forzar a Franco a entrar en la guerra. Hitler entendía el viaje más bien como un viaje de exploración, cuyo objetivo era el de mediar y consensuar los diferentes intereses defendidos por sus aliados en el bando antibritánico. Su mensaje era claro: todo lo que obstaculiza la consecución y puesta en práctica de esta entente bajo la hegemonía de Alemania perjudicaba a la guerra y retrasaba la victoria final. De ahí también el tremendo enfado del Führer al salir de su reunión con Franco -a Mussolini le dijo que prefería que le sacaran tres muelas antes de tener que estar otra vez nueve horas con Franco-. ¿Cómo podía un don nadie, que le debía a él su puesto, insistir en unas reivindicaciones territoriales a sabiendas de que la realización de las mismas tenía necesariamente que resquebrajar la alianza con Vichy y, por consiguiente, ayudar al enemigo?
Paul Preston está en lo cierto cuando afirma que si la España franquista no entró en la guerra, no fue el resultado de ninguna genial estrategia para evitarlo: quedó fuera porque Franco tuvo suerte. Suerte porque en septiembre y octubre de 1940 Hitler, todavía en la cúspide de su poder pero inquieto porque Inglaterra se le estaba resistiendo, estaba convencido de que Pétain le ofrecía mucho más que Franco. No es posible saberlo hoy, pero no es nada descabellada la hipótesis de que si el asalto británico a Dakar se hubiera saldado con éxito, y si, debido a ello, Pétain no hubiera tenido la oportunidad de lucirse y hacer subir sus acciones en la bolsa del poder nacionalsocialista, Hitler habría estado más receptivo ante las reivindicaciones territoriales del Caudillo. Así, una vez satisfecho su sueño de grandeza africanista, el Caudillo habría conseguido el botín que buscaba como recompensa para la entrada en la guerra. Sin embargo, la suerte redujo su participación militar activa al envío de los casi 50.000 soldados de la División Azul con el uniforme de la Wehrmacht al frente del Este.

jueves, 7 de octubre de 2010

Orgías en la corte de Guillermo II

ABS.es EFE / BERLÍN 21/09/2010
Un paquete de cartas anónimas ha sacado a la luz un gran escándalo de orgías y duelos a muerte en la puritana corte del emperador Guillermo II de Alemania, que intervino personalmente para tratar de atajarlo.
«Escándalo en el pabellón de caza de Grunewald: masculinidad y honor en el imperio alemán» es el título del libro que acaba de publicar el historiador Wolfgang Wippermann, en el que revela con todo lujo de detalles el desarrollo de una fiesta de la nobleza que degeneró en una sonada orgía.
Un total de quince miembros de la corte del rey prusiano -9 de ellos hombres y 6 mujeres- participaron en el encuentro sexual una noche de enero de 1891 en el más antiguo palacio berlinés que se conserva, tras una jornada de caza en los bosques de Grunewald, según se desprende de las 246 cartas anónimas estudiadas por Wippermann.
Éstas revelan que en el selecto grupo figuraba la propia hermana mayor del emperador, pero también el maestro de ceremonias imperial, Leberecht von Kotze, y el príncipe Federico Carlos de Hesse, marido de otra de las hermanas del monarca, así como otros príncipes, duques y duquesas, condes y condesas, muchos amigos íntimos de Guillermo II.
El escándalo se extendió a lo largo de cinco años, el tiempo en el que fueron enviadas las cartas anónimas, muchas ilustradas con fotografías pornográficas en las que se recortaron las caras de sus protagonistas para ser sustituidas por los nombres de las personas que participaron en la orgía de sangre azul.
Las misivas revelan además la práctica de actos sexuales rechazados e incluso prohibidos por la ley en la estricta y puritana sociedad prusiana de la época, como las relaciones homosexuales entre hombres o mujeres o el adulterio.
Llamativas revelaciones
Descubiertos en el histórico y policial Archivo Secreto Prusiano, en el barrio berlinés de Dahlem, los anónimos revelan que Alide von Schrader, esposa del maestro de ceremonias, mantuvo en la cita prácticas lesbianas, mientras que el príncipe Aribert von Anhalt practicó sexo anal con otro de los invitados.
Las cartas se ceban especialmente con el conde de la familia Hohenzollern Friedrich von Hohenau, amigo íntimo del emperador, y su esposa Charlotte, el primero por su notoria homosexualidad y la segunda por acumular amantes como el que llegara a ser primer ministro del Reich Max von Baden, o Herbert von Bismark, hijo mayor del Canciller de Hierro.
Pero también con el cuñado del emperador Ernst Günther, famoso por sus visitas sistemáticas a los mas lujosos burdeles berlineses, al que en las misivas se cita por su apodo más famoso, el de Herzog Rammler», que traducido libremente vendría a ser en castellano el «duque fornicador».
Impulsado por el estricto código de honor y masculinidad que regía en la época, el escándalo, que llegó a trascender a la opinión pública, tuvo un final sangriento con la celebración de duelos a pistola con varios heridos, aunque con una sola muerte, en la búsqueda del autor de los anónimos.
Esta fue la del príncipe von Schrader, que fue abatido al amanecer por Leberecht von Kotze -ambos participantes en la orgía-, en un llamado duelo de barrera, en el que los contrincantes pueden dispararse sin cesar mientras caminan para encontrarse. Los distintos duelos consecuencia de la orgía fueron incluso fomentados por el propio emperador en su celo por la salvaguardia del honor prusiano, aunque el escándalo condujo poco después a que ese tipo de enfrentamientos entre nobles acabaran siendo prohibidos por ley por el Reichstag, el Parlamento germano.
Lo que el historiador Wippermann no ha podido desvelar con absoluta seguridad la autoría de los más de dos centenares de cartas anónimas, todas de la misma mano, que desencadenaron el escándalo. Wippermann sospecha, sin embargo, y espera que un estudio grafológico lo confirme, que la autora de las cartas fue Charlotte, la hermana mayor del emperador, quien se supone fue la organizadora de la cita y a quien su propia madre tachaba de «malvada».
Fallecida en 1919 en el balneario de Baden-Baden, donde recibió tratamiento psiquiátrico, la princesa Charlotte von Hohenzollern era al parecer, según los historiadores, una reina de «la conspiración y el cotilleo».

domingo, 3 de octubre de 2010

La hora terrible de los vencidos

Expulsados de la región de los Sudetes como consecuencia de la represión aliada tras la derrota alemana.- GALAXIA GUTENBERG
Giles MacDonogh, fotografiado ayer en Barcelona.

JACINTO ANTÓN 02/10/2010 http://www.elpais.com/diario/

Vae Victis! ¡Ay de los vencidos! A ningún pueblo como al alemán al acabar en 1945 la II Guerra Mundial se le puede aplicar tan precisamente la frase de Breno, el caudillo galo que justificó con el peso de su espada la falta de contemplaciones con los romanos derrotados. La vida se convirtió en un infierno para muchísimos alemanes, cuando buena parte del mundo se felicitaba por el fin de la contienda más atroz jamás librada. La historia de los terribles padecimientos de los grandes perdedores de la guerra ha pasado en buena parte inadvertida no solo porque el castigo y la venganza de los enemigos parecían consecuencia lógica, y hasta justa, de los pecados del III Reich, sino porque los propios alemanes afrontaron a menudo esos sufrimientos con sentimiento de culpa. De todos esos sufrimientos escribe el historiador británico Giles MacDonogh (Londres, 1955) en su impresionante ensayo Después del Reich, crimen y castigo en la posguerra alemana (Galaxia Gutenberg).
Los aliados llegaron acompañados por el odio y las poblaciones sometidas por los nazis se cobraron las cuentas en horrenda moneda de sangre. Los vencidos fueron internados en campos de concentración -a menudo en los propios lager nazis- en condiciones atroces, deportados, sometidos a marchas de la muerte y sevicias sin cuento, a torturas dignas de los peores especialistas de la Gestapo; fueron masacrados, violados, humillados hasta límites inverosímiles. En Praga, por poner solo un ejemplo, hubo una quema de alemanes colgados en fila de las farolas, como antorchas vivientes: la mayoría eran miembros de las SS, pero los checos no eran muy meticulosos al diferenciar los uniformes e insignias y también incineraron vivos a soldados de la Wehrmacht.
La noche del 5 de mayo de 1945 hombres, mujeres y niños alemanes refugiados en una escuela fueron sacados al patio de diez en diez y fusilados; los supervivientes hubieron de desnudar y enterrar los cadáveres, protagonizando escenas que no hubieran desentonado en Babi Yar. En la Könisberg sometida a la ocupación brutal de los rusos la hambruna provocó casos de canibalismo dignos del Leningrado sitiado. El general estadounidense Lucius Clay, de la comisión de Control de los Aliados, reconoció el uso sistemático de torturas a alemanes sospechosos, algunas inspiradas en las que empleaban las SS en Dachau: "Por desgracia, en el ardor de los momentos posteriores a la guerra recurrimos, para obtener pruebas, a medidas que no habríamos utilizado una vez extinguido dicho ardor".
En su pormenorizado y conmovedor viaje a la experiencia alemana de la derrota, MacDonogh combina las estadísticas -más de tres millones de alemanes muertos después de que acabara oficialmente la guerra, 16.500.000 civiles expulsados de sus hogares, 200.000 niños nacidos en 1946 fruto de las violaciones- con entrevistas realizadas a testigos de los hechos.
MacDonogh, un hombre tranquilo con ese extraordinario sentido de la anécdota relevante que tienen los buenos historiadores británicos para amenizar y humanizar sus trabajos, llegó al tema como desarrollo natural de un libro sobre Prusia en el que ya abordó las consecuencias de la derrota de 1945. Su abuelo era un judío austriaco, su familia tuvo que huir del país y pagó tributo de dolor en los campos de exterminio.
Para el historiador, "incluso el castigo legal de los alemanes resultó muy imperfecto e injusto, algo lógico cuando se piensa que en los juicios de Nurenberg uno de los jueces no era ni siquiera jurista sino un general ruso que acusaba a los alemanes de la matanza de Katyn y que los bombardeos aliados de civiles alemanes no fueron siquiera mencionados". Los colectivos alemanes que más sufrieron fueron los del Este, los de los sudetes, los de Yugoslavia... "Si eras un nazi que vivía en Suabia no padecías tanto como un no nazi de Prusia oriental". En cuanto a los prisioneros, "en Yugoslavia los mataron a casi todos, en Polonia y en Rusia los esclavizaron, los franceses se vengaron en ellos y en los campos en EE UU murieron 100.000".
Del peligro de que su libro pueda ser usado para llevar agua al molino de la ultraderecha reconoce que en efecto existe: "Esa es la razón de por qué obras así no gustan en Alemania: parece que relativicen la culpa y alivien la responsabilidad de los alemanes por los actos que cometieron. Pero eso no debe detener al historiador, so pena de ignorar injustificablemente un período de la historia".